APUNTES DE HISTORIA (DCXXX)

Cultura, Manuel Jesús Parodi, Tribunas y colaboraciones

Manuel Jesús Parodi.-Territorio y Patrimonio

El territorio debe ser considerado como un espacio diacrónico histórico. El territorio es el espacio geográfico adscrito a un ser, a una comunidad, a un ente de cualquier naturaleza, física o inmaterial: el espacio de vida de un animal, el área de aparición de una especie vegetal, el ámbito de difusión de una lengua o de cualquier práctica social. Es de señalar que los primeros impulsos por considerar el territorio como espacio patrimonial han venido de la mano de la arqueología. 

La investigación arqueológica no podía prescindir del estudio del medio en que ha vivido el hombre; ello dio lugar a la así denominada arqueología ambiental, que trata de poner en evidencia la interdependencia entre las variables culturales y medioambientales, esto es, a lo que algunos han llamado el ecosistema humano, en el que el medio, el territorio, se concibe como contexto de las actividades y culturas humanas en las que influye, pero a su vez está en cambio continuo por hallarse sometido al impacto antrópico. 

La reconstrucción del paisaje en la Prehistoria y en la Antigüedad y los estudios geomorfológicos han sido fundamentales para comprender las razones ecológicas y productivas que se encuentran en la elección por parte de una población de un asentamiento: recursos naturales, condiciones climáticas, potencialidad del terreno para la agricultura y pastoreo, vías de comunicación, vías comerciales, valor estratégico del territorio. 

Todo ello ha llevado a la necesidad de reconstruir el paisaje desde un punto de vista diacrónico (es decir, considerado como una continuidad a lo largo del tiempo), conociendo el espacio y el territorio hasta comprender la evolución antrópica de la zona que pretendemos investigar y proteger.

El conocimiento y protección de los elementos patrimoniales del territorio es esencial. La protección de los elementos patrimoniales de un territorio debe partir de un conocimiento general del ámbito espacial que se pretende tutelar. Sin conocimiento de causa, la tutela es imposible.

El estudio de un territorio puede hacerse desde dos perspectivas: un estudio diacrónico, a través del tiempo, o un estudio sincrónico, sin tener en cuenta la evolución histórica, sino centrando el interés en una determinada época. 

Los término “diacrónico” y su opuesto, “sincrónico”, indican dos modos distintos de estudiar un proceso cultural. “Diacrónico” es el momento de la investigación histórica, mientras que sincrónico es el momento del análisis del hecho en sí. Con el término diacrónico, por extensión, se indica también todas las situaciones en las que prevalece una visión historicista en el análisis de los fenómenos, ya sean culturales o extra culturales. 

El estudio diacrónico determina cómo y por qué los territorios cambian a través de los tiempos, lo que no es incompatible con los cortes sincrónicos que la investigación realiza en la línea continua de la historia y que son muy útiles para el conocimiento de la ocupación antrópica del territorio.

Estudiar un territorio desde la perspectiva de los distintos horizontes culturales que en el mismo se han desenvuelto nos permite rellenar, finalmente, con toda la información obtenida, lo que se ha venido a llamar el mosaico diacrónico del territorio o carta de erosión de la historia

Partiendo de este conocimiento, en el que no sólo debe incluirse la actividad antrópica sino también la paleontológica, es posible llegar a plantear una propuesta de protección del Patrimonio basada en el encaje de los estudios diacrónicos en una secuencia general. 

Este mosaico debe contener toda la información sobre el patrimonio histórico de la zona objeto de estudio y reunir todos los elementos patrimoniales identificados con independencia de su categoría de protección. Además, la propuesta de protección debe hacerse desde el enfoque preventivo, teniendo en cuenta que cualquier intervención en este mosaico debe hacerse de forma cuidadosa con criterios de sostenibilidad, procurando que el uso, o incluso destrucción de recursos patrimoniales, venga compensado con la puesta en valor de una gran parte de ellos, asegurando su disfrute para las generaciones futuras. 

De especial importancia será también el equilibrio entre modernización y desarrollo con el mantenimiento de técnicas y uso de materiales o elementos tradicionales como la tierra y el agua. Esta nueva concepción hace que el patrimonio sea un recurso como lo es el patrimonio natural: un factor de riqueza y de desarrollo, a la vez que también posee un valor social, al ser un testimonio de la identidad cultural y de la evolución histórica de una determinada civilización. 

Hoy más que nunca resulta imprescindible defender valores culturales que son el resultado de una delicada evolución histórica y que son las señas de identidad de muchos pueblos. La materialización de esos valores culturales viene representada por el Patrimonio histórico y su marco físico son el territorio y el medio ambiente en el que el mismo está inmerso.

El conocimiento de la ocupación diacrónica es un instrumento base de cara a la protección del Patrimonio. El conocimiento e identificación de los distintos elementos patrimoniales, algunos preferimos también denominar recursos, debe ser el primer objetivo de la protección. 

Es la llamada investigación para la protección, que es acaso la fase más importante el proceso de gestión patrimonial (junto con la conservación), pues determina la identificación de los recursos. Por supuesto el marco de investigación debe ser amplio, abarcando todas las categorías científicas, en las que hasta ahora se ha venido compartimentando el Patrimonio. 

Los recursos paleontológicos, arqueológicos, arquitectónicos, etnológicos, paisajísticos, etc., presentes en el territorio, deberán ser cuidadosamente estudiados e identificados en un proceso de interrelación. El producto final será el inventario de los recursos patrimoniales (la “Carta patrimonial”, de la que en Sanlúcar se elaboró la correspondiente al patrimonio arqueológico del término municipal, que no del casco urbano), que compondrá el mosaico diacrónico del territorio, el cual, como resultado del proceso deductivo, quedará acotado en función de la o las ocupaciones diacrónicas predominantes. 

Naturalmente, este proceso de acotación espacial puede ser inductivo, con base en conocimientos históricos previos, características geográficas o naturales, o alguna otra consideración que imprima al territorio una categoría relevante.

En cualquier caso resulta necesario abundar en este proceso, que en nuestra ciudad se encuentra verdaderamente “en mantillas”.

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