Apuntes de Historia CDI

Cultura, Historia, Manuel Jesús Parodi

De nuevo en torno a Sanlúcar y la I Vuelta al Mundo (I)

Manuel Jesús Parodi.- El gran río Guadalquivir, río-puerto de la Modernidad, tiene en sus dos ejes, en sus dos pivotes de Sanlúcar de Barrameda, en la costa, y de Sevilla, tierra adentro, los dos núcleos articuladores de su desarrollo histórico, económico, cultural y político a partir de la obra de Alfonso X el Sabio, de quien se cumple este año el VIII Centenario de su nacimiento (1221-2021), de modo que es difícil atender a uno sin considerar al otro.

Alfonso X sería responsable de la restitución de estas tierras (hoy pertenecientes a la andaluza provincia de Cádiz), en la segunda mitad del siglo XIII, en el ámbito de la latinidad, de la romanidad, a la que pertenecían (como parte integrante de la Bática romana), devolviéndolas al espacio cultural europeo, cristiano, heredero de Roma.

Como es bien sabido, la ciudad de Sevilla se conquistaría por el río, desde el mar, desde Sanlúcar de Barrameda, a mediados del siglo XIII (en 1248); Sevilla volvería de ese modo a la órbita cultural europea, de tradición latina (a la que pertenecía), desde el mar, por el río, desde Sanlúcar de Barrameda, reinando Fernando III el Santo en Castilla, hace más de tres cuartos de milenio. 

Y Sanlúcar de Barrameda es el Alfa, la clave de bóveda, del entorno portuario que constituye el río Guadalquivir, con Sevilla como Omega, algo que se haría palpable, por ejemplo, con la Expedición Magallanes-Elcano, a principios del cada vez más lejano siglo XVI.

Sanlúcar es el eje del gran “Cosmódromo de la Modernidad” (como llevamos insistiendo desde hace años) conformado por el Golfo de Cádiz y el río Guadalquivir, en cuya intersección se encuentra precisamente esta ciudad, el “Cabo Cañaveral”, el Baikonour de los siglos XV y XVI.

Al mismo tiempo, Sanlúcar de Barrameda es el lugar donde se cruzan los caminos marítimos que llevan desde la vieja Constantinopla hasta la luminosidad del Caribe y desde el evocador equinoccial del Golfo de Guinea hasta las brumas del Mar del Norte. 

Enclave realmente privilegiado en el seno del Golfo de Cádiz, punto neurálgico de la desembocadura del río Guadalquivir, Sanlúcar de Barrameda como decimos es un elemento capital en el desarrollo histórico de las navegaciones oceánicas, de los viajes marítimos y las exploraciones que vinieron a redondear el Globo terráqueo, permitiendo dar algunos de los primeros pasos del proceso de mundialización del planeta y constituyendo, como no nos cansaremos de poner de manifiesto, un verdadero “Cabo Cañaveral”, un “Baikonour” (entendido como punto de “lanzamiento” de las expediciones marítimas de la época) en las décadas de cambio entre los siglos XV y XVI.

Se trata precisamente del fundamental momento histórico que, de acuerdo con los términos y divisiones convencionales y basados en la secuencia cronológica de los períodos históricos tal y como seguimos empleándola actualmente (aun estando sujeta a revisión y reconsideración) se sitúa en la transición entre los períodos cronológicos y culturales que convencionalmente conocemos y denominamos como la Edad Media y la Edad Moderna europeas. 

El de Sanlúcar es, pues, hablando históricamente, un espacio, un núcleo verdaderamente privilegiado, un espacio que sirve como eje articulador y vertebrador de un denso histórico, geográfico y cultural que resulta esencial para la Historia de la Humanidad, como es el del amplio ámbito del Golfo de Cádiz y, en el seno de dicho contexto cartográfico (por así decirlo), la desembocadura y el curso bajo del río Guadalquivir.

Como es más que sabido nos encontramos inmersos en lo que debería ser el desarrollo de la Conmemoración de un hecho histórico de relevancia auténticamente capital para la Historia de la Humanidad y su evolución cultural y económica, el hecho de que hace ahora casi medio milenio, el día 6 del mes de septiembre de 1522, un solo barco, una desvencijada nao Victoria, bajo las órdenes del marino de Guetaria Juan Sebastián de Elcano, culminó un viaje iniciado tres años antes regresando a Sanlúcar de Barrameda -que fuera su punto de partida el 20 de septiembre de 1519- tras haber completado la Primera Vuelta al Mundo viajando hacia el Este pero navegando en todo momento hacia Occidente.

En la Sanlúcar de Barrameda de principios del siglo XVI, capital de los estados del Señorío de la Casa de Guzmán, hemos de ver una ciudad próspera, un auténtico crisol de culturas, un núcleo económico, estratégico, en la desembocadura del Guadalquivir, cuajada de iglesias, conventos.

Una ciudad, así pues, movida y agitada por el que es de imaginar como el ingente bullicio de los comerciantes instalados en ella al calor de la prosperidad de sus posibilidades de negocio, animada por el ir y venir de gentes de todas las procedencias, llenas sus calles por el sonido de muy diferentes lenguas… 

Palabras pronunciadas en numerosas lenguas distintas y entonadas con diferentes musicalidades y con múltiples acentos hacían de la entonces villa sanluqueña y en especial de su Arrabal de la Ribera (el embrión cristiano del actual Barrio Bajo sanluqueño, junto a la vieja judería) un paisaje colorido y cosmopolita en el cual negociantes extranjeros de múltiples procedencias habrían de mezclarse de manera cotidiana con la población local hasta formar un todo magmático, una realidad global, de la que en la actual Sanlúcar de Barrameda acaso podamos encontrar la heredera y continuadora. 

Culminada su odisea, esos pocos marinos supervivientes, los dieciocho de la nao Victoria, regresaron a las orillas de Sanlúcar de Barrameda a bordo de una sola nave tras verse reducidos a unas condiciones pavorosas, agotados a consecuencia de un extraordinario viaje a lo largo del cual se habían visto zarandeados por toda clase de circunstancias.

Azotados por toda clase de aventuras y desventuras, debiendo superar la inclemencia del tiempo, los peligros de los mares, la acción de los vientos, la ira de las tempestades, estos héroes sufrirían además los ataques de quienes quisieron impedir su navegación en diversos momentos de su ruta, de quienes casi lograron hacer que el viaje fracasara, pero sin conseguir frustrar esta verdadera odisea de la Humanidad.

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