Las carreras de caballos en la playa

Cultura, Enrique Romero Vilaseco, Poesía, Tribunas y colaboraciones

Palpitante atardecer
en las aguas de Bonanza;
barcos que rompen las olas
camino de la esperanza.

Del puerto sale un Juanelo
cargadito de añoranza;
sobre las olas resuenan
sinfonías de guitarras,
cancioncillas de corales
que agonizan en la playa.

Una verde cabellera
es el Coto de Doñana,
por cuya orilla galopan
los caballos de la gracia.

Tardes de soles de agosto
y de nardos perfumadas;
sobre la piel de la arena,
centenares de pisadas,
herraduras de sal y oro
que brillan en lontananza.

En el aire de Sanlúcar,
mil gaviotas plateadas.

Ya comienzan las carreras,
las carreras en la playa;
júbilo, palmas y vítores
en la enorme chiquillada,
que, al paso de los caballos,
caballos de luz, sol y agua,
guarda apuestas y un anhelo
en sus pequeñitas almas.

¡Que comienza la carrera,
la que tanto se esperaba!
Ya corren los caballos
entre espumas de esmeralda;
salieron de Bajo de Guía
y ya van por la Calzada.
Se divisan las Piletas,
esa meta tan soñada;
mil deseos exaltados
esperando la llegada,
y los jinetes persiguen
la corona laureada.

Terminaron las carreras
de caballos en la playa,
y Sanlúcar solo espera
una nueva temporada
para ver sobre la arena
sus carreras centenarias.

Y cuando el ocaso pinte
el cielo de rojo y malva,
la noche se va adentrando
al cobijo de las barcas.

Las carreras de caballos
entre espumas nacaradas,
acuarela de colores
y caracolas de plata;
al paso de los caballos
surgen el duende y la guitarra.

Y, como un caballo negro
que galopa sobre el agua,
va galopando mi amor
por los senderos del alma.

Caballos de pura sangre,
que en el ocaso cabalgan
rumbo a la victoria, al son
del compás de las guitarras;
de Sanlúcar a la gloria,
de la gloria a la Esperanza.

Enrique Romero Vilaseco

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