APUNTES DE HISTORIA (DCXXIX)
Manuel Jesús Parodi.-El vuelo de los Caballos de Astarté”
[Este artículo se publicó originalmente en el número de 2026, en curso, de la revista de la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda]
Ante nuestra mirada atónita se despliega un abanico de color en movimiento. Una ráfaga de luces y colores que muy bien podría conformar la peina del atardecer en las playas de Sanlúcar de Barrameda. Es el estallido visual de un galope hacia Poniente. Es la metáfora de color con la que Mariló Rivera ha sabido condensar milenios de historia en el vuelo de unos caballos inmortales.
En el cartel de las Carreras de Caballos de esta edición de 2026 una pintora sevillana a la que podemos considerar sanluqueña -tanto es su amor y tan íntima y estrecha su relación con nuestra ciudad, donde se avecina- ha sabido plasmar la Historia de las Carreras de Caballos de Sanlúcar al mismo tiempo que ha construido una imagen que nos lleva al origen y la raíz de la identidad cultural de esta vieja geografía de la desembocadura del Baetis-Guadalquivir.
Esos caballos lanzados al galope que se abren en abanico ante nuestros ojos son una evocación clara de aquellas yeguas del lejano Occidente cantadas por autores como Homero, Aristóteles, Plinio el Viejo, Claudio Eliano, Justino, Lactancio o incluso San Agustín de Hipona. Esas yeguas del Suroeste hispano que quedaban preñadas por la acción del viento, el Céfiro griego o Favonio romano, al que hoy llamamos Poniente y que tanto tiene que ver con nuestro Foreño, ese viento de la mar que refresca, que da vida y que es padre de nuestra Manzanilla.
Esas yeguas occidentales darían a luz a los caballos más veloces que conoció la antigüedad clásica, caballos ligeros, elegantes dueños de las costas desde Lisboa hasta el Estrecho de Gibraltar paisaje en cuyo epicentro se localizan la geografía mítica de Tartessos y la geografía mágica de Sanlúcar de Barrameda. La autora ha sabido traer ante nuestra mirada la raíz y madre de las esencias de las carreras de caballos, que se remonta mucho más allá y mucho más atrás de aquel siglo XIX en el que las playas de Sanlúcar de Barrameda comenzaron a convertirse en el escenario del mayor espectáculo de color, vida y movimiento que pueda imaginarse, cuidado y mimado por la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda. Un espectáculo vital que atrae a miles de personas de toda condición y en el que ya desde sus inicios se aúnaron lo popular y la realeza de la mano de aquellos Infantes-Duques de Montpensier, D. Antonio de Orléans-Borbón y Dª. Luisa Fernanda de Borbón, que tanto bien hicieron y tanto bueno sembraron en esta desembocadura del Guadalquivir.
Los caballos favonios, hijos de las yeguas preñadas por el Céfiro, siguen corriendo hoy como desde hace milenios por la marisma de Doñana, por una y otra banda del Guadalquivir, y se enseñorean cada mes de agosto, de consuno con las mareas, de la geografía mítica de este lejano Occidente cantado por Platón donde el dios Apolo guiaba cada día su carro solar tirado por caballos hacia el Ocaso buscando el Océano, una geografía poblada por dioses y humanos donde el mito cuenta que el propio Júpiter fue acunado por los curetes, nativos de la región, y donde su hijo Hércules se desempeñó en más de uno de sus esforzados trabajos.
Esta milenaria identidad se despliega de una vez en el abanico de luz conformado por los caballos que nos presenta Mariló Rivera en un solo golpe de vista que nos retrotrae a nuestros orígenes más antiguos, y todo ello enmarcado en unas maravillosas notas de color que de forma magistralmente simbólica arropan la carrera evocándonos el paisaje de Doñana y el río, de la playa y la ciudad de Sanlúcar, bajo el cielo más azul que imaginarse pueda, reflejo de un Océano que es lar de dioses antiguos. El verde, el rojo, el dorado, el azul, Doñana, el Sol, la arena, el Río, el Océano… Y los caballos. En un baile de milenios que la autora nos ha regalado condensando Mito, Historia, Tradición, Deporte, Cultura y Espectáculo. Todo de una vez y todo en movimiento.
Y por si fuera poco y quedase alguna duda, el Bronce de Carriazo. Esa representación en bronce de esa divinidad femenina que reina en la marisma y el río, en la orilla y el Océano, en la tierra y en los cielos de esta comarca desde antes de la llegada de los fenicios que la llamaron Astarté, desde antes de la llegada de los romanos para quienes fue Venus Marina, protectora de navegantes. Señora de Évora, Reina de La Algaida a quien estaba dedicado el santuario de la Lux Dubia y a quien estaba consagrado el Sanctus Lucus que todavía hoy da nombre a Sanlúcar de Barrameda.
Esa histórica pieza de bronce hallada por el profesor Juan de Mata Carriazo en un mercadillo en Sevilla y estudiada por Juan Maluquer de Motes, que le puso el nombre, y custodiada en el Museo Arqueológico de Sevilla, pieza a la que no pocos estudiosos han asociado precisamente a los caballos y a los arreos de las caballerías, condensa en sí misma buena parte de la carga mítica e histórica de la cual nuestras Carreras de Caballos forman parte.
En el galope en despliegue de los caballos de Mariló Rivera, por tanto, encontramos un crisol de señas de identidad que nos acompañan y nos definen desde antiguo. Quizá por ello el éxito absoluto del cartel de 2026. Un cartel cargado de Historia reflejada en un vuelo de caballos amparados por las alas y los ánsares de la diosa Astarté. Quizá por ello ese indudable éxito, porque quienes -pertenecientes a esta geografía- contemplamos dicho cartel nos reconocemos en todo lo que esta obra de arte guarda y recoge.
Mito e Historia. Dioses y Caballos. El Viento de Poniente que engendra la Manzanilla. El Río, el Océano, las Playas… Sanlúcar de Barrameda y sus Carreras de Caballos. Todo en un único golpe de vista.
Chapó a la autora. Y enhorabuena a la Real Sociedad de Carreras de Caballos.




