Apuntes de Historia CCCLXXXII

Cultura, Historia, Manuel Jesús Parodi Álvarez

Sanlúcar y la manzanilla en Armando Palacio Valdés (II)

Manuel Jesús Parodi.-.La pasada semana comenzábamos a atender a la presencia de diferentes referencias -directas o indirectas- a Sanlúcar de Barramedaen un clásico del siglo XIX literario español como es la novela “La hermana San Sulpicio” del escritor realista decimonónico asturiano Armando Palacio Valdés (nacido en Laviana, Asturias, en 1853 y fallecido en Madrid en 1938, en plena Guerra Civil española), obra publicada por vez primera en el año 1889 y llevada al cine hasta en tres ocasiones entre 1927 y 1952, como veíamos en el precedente artículo.

Como señalábamos, esta obra mezcla realismo y costumbrismo y en ella su autor hace gala de su gran capacidad descriptiva a la hora de reflejar paisajes y ambientes, personajes y caracteres, desarrollándose la mayor parte de la acción en Andalucía, y esencialmente en la ciudad de Sevilla, la misma ciudad de Sevilla que viera pasear por sus calles, en la misma época en la que se desarrolla la acción de la obra, a los Infantes-Duques de Montpensier y a la escritora Fernán Caballero, Cecilia Bohl de Faber.

La novela contiene varias referencias más o menos directas unas, más oblicuas otras, a Sanlúcar de Barrameda, razón por la cual hemos querido traerlas hasta estos párrafos (a la novela y a dichas referencias), considerando que las mismas pueden mostrar una idea de cómo sería la idea de la ciudad albergada tanto en el imaginario del propio autor, Palacio Valdés, como en el horizonte colectivo (si es posible decir tanto) de los lectores de este tipo de obra literaria (la novela realista, costumbrista) en la España de fines del Ochocientos, la España de la Restauración y del turno de partidos.

Manejamos una edición de esta novela a  cargo de la editorial Orbis-Fabbri y publicada en Barcelona en 1994 (ISBN 84-402-1663-7; Depósito Legal B-523-1994); el texto propiamente dichoarranca en la página 5 y finaliza en la página 285 de esta edición.

Como señalábamos en los precedentes párrafos, buena parte de las referencias que presenta la obra en relación con Sanlúcar giran en torno a la manzanilla, que es mencionada en muchos momentos de la novela presentada generalmente en un contexto social y como un vino que ya en las postrimerías del siglo XIX (momento en el que está ambientada y se redacta la novela) llega a trascender de la división de las clases sociales en la España del momento, ya que en las páginas de Armando Palacio Valdésse la muestra siendo degustada por personas de muy distinta condición social y nivel económico.

Así mismo es de señalar que la manzanilla, en las páginas de esta obra,es consumida no sólo en tierras de Andalucía, sino también fuera de nuestra región, como ya vimos que sucede precisamente en la primera mención que se hace de la misma (y por ello, y de forma indirecta, también de Sanlúcar de Barrameda),justo al inicio de la novela, en la página 7 de la edición que manejamos (la de Orbis-Fabbri de 1994).

Esa primera referencia a la manzanilla nos la presenta en Madrid, mientras la segunda mención al vino sanluqueño por excelencia, que se produce en la página 68 de la obra, nos ubica a la manzanilla en la ciudad de Barcelona, cuando en el contexto de una conversación que se mantiene en la casa de huéspedes de Sevilla donde se aloja el protagonista masculino de la novela se menciona a la “asposición de Barcelona” haciendo de tal modo referencia a la Exposición Universal de Barcelona del año 1888, donde el personaje que de manera tan particular se expresa (un personaje de origen catalán) señala que el “Municipio de Sevilla” habría dedicado una “enstalación” (un “stand”, diríamos hoy, tirando de anglicismo) “a las cañas de mansanilla”.

Expresado el tema de la manzanilla de este modo tan singular encontramos varios hilos de los que tirar en relación con la argumentación que venimos desarrollando en estas líneas.

De esta forma, es posible señalar que la conversación en la que se habla de la manzanilla se produce en la ciudad de Sevilla, lo cual de alguna forma nos la ubica en un horizonte de por sí sevillano.

De igual modo, cabe reseñar que el personaje que habla es de origen catalán, y por la forma en la que se expresa debe ser buen conocedor de la manzanilla, de la que habla con entera naturalidad, como quien está habituado a su consumo o al menos a su conocimiento (si bien no sabemos si ha trabado dicho conocimiento dentro o fuera de Andalucía, lo que ni se especifica ni se apunta de ninguna manera en el texto de Palacio Valdés).

De otra parte, y como decíamos supra, se señala que es el ayuntamiento de Sevilla el que habría llevado a la Exposición Universal de Barcelona de 1888 un stand dedicado a la manzanilla, lo que parece poner de manifiesto una más que estrecha relación entre el caldo sanluqueño por excelencia y la capital hispalense, relación que es bien sabida y que ya sería muy íntima en el siglo XIX como parece desprenderse de los párrafos de esta novela.

Finalmente, es de significar también cómo se expresa y se presenta un binomio clásico, el de las “cañas de manzanilla” en estos párrafos de “La hermana San Sulpicio”: de este modo se pone de manifiesto, ya en 1889, la íntima relación existente entre la manzanilla y el vaso de caña, tan sanluqueño, vaso ideal y natural, consustancial, para el consumo de la reina de los vinos, hasta el punto de que “cañas” y “manzanilla” aparecerán juntos en más de una ocasión en las páginas de esta novela, y de que la palabra “cañas” será utilizada en solitario en más de una ocasión para hacer referencia -de manera explícita o de forma implícita- al consumo, precisa y no casualmente, de manzanilla.

Precisamente ello sucede en la misma página 68 del libro, unos párrafos más adelante respecto a la citada mención de las “cañas de mansanilla”, cuando se habla de cómo los andaluces (así, en general) “…van al café, piden unas cañas…”, en lo que hemos de encontrar nuevamente una referencia a la manzanilla, referencia que es de entender que va implícita en esas “cañas” de las que se hace mención en el texto de la obra.

Y en los próximos párrafos de esta serie seguiremos tratando los contenidos “sanluqueños” de esta novela del siglo XIX.

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