Cartas de una sombra. La llegada

José Antonio Córdoba

José Antonio Córdoba.- El concepto, o idea, de que está fase de la humanidad es la más inteligente, es la que envasa la mayoría del común mortal.

Con el paso de los siglos se nos siguen planteando incógnitas que, frente al miedo a lo desconocido que nos define, preferimos obviar, enterrar e ignorar.

Pero anoche cuando hice la fotografía que acompaña estas letras, le adjunté el siguiente comentario: Los aliens ya están aquí.

Hoy hipócritamente hemos perdido el miedo a la naturaleza, a su superioridad, ¡sí!, superioridad, por mucho que nos empeñamos en creernos seres superiores, dueños de todo lo que pisamos. Y no es así, la prueba la tenemos a tiro de piedra con el caso del volcán de La Palma. Se habla de pérdidas, pero…

¿En serio?, ¿nadie sabía que vivía en un volcán?

Durante milenios los habitantes de la tierra vivimos como décimo de supervivencia de la Naturaleza, que por suerte nunca nos toca. Cuando lo hace, con terremotos, inundaciones, erupciones, etc., nos rasgamos las vestiduras, buscamos culpables. Donde no hay más responsable que el habitante del lugar, aquel que construye en el cauce seco de un río, en la ladera de una montaña, de un volcán, o en primera línea de playa.

Sin embargo, miro la lluvia, el poder de los relámpagos y me siento parte de un todo, consciente de lo insignificante que somos, del poder que posee la Naturaleza que nos rodea, y pese a que nos empeñamos en lo contrario, es ella quien nos controla.

Aunque por un momento, al ver el mágico brillar de los relámpagos, me dejo llevar por esta imaginación de poeta, de escritor y pienso, si esos rayos, no son más que la fricción de naves estelares accediendo a nuestra atmósfera. De aliens que vienen a poner orden en este desbocado rebaño humano… Porque falta nos hace, que una especie realmente inteligente acote a esta especie de lobos mutados en bípedos. Soñadores de ser Darth Wader, paladines de un emperador llamado, Lord Ego humano.

Pero en fin, solo somos meras gotas de agua en un charco, unas sobre otras, pensando que las últimas caídas, son las únicas en el Universo.

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