SANLÚCAR NECESITA ALGO MÁS QUE UNA ECONOMÍA DE EVENTOS
Fernando Cabral.-Sanlúcar de Barrameda tiene un problema económico que no se resuelve organizando cada vez más eventos: la falta de una estrategia suficientemente ambiciosa para convertir sus propios recursos productivos y otros nuevos en empleo estable y actividad durante todo el año.
Los eventos funcionan. La gastronomía funciona. El turismo funciona, a pesar de sus innegables consecuencias. Sería absurdo negarlo. El problema aparece cuando el turismo deja de ser un sector importante para convertirse en la respuesta a prácticamente todos los problemas económicos de la ciudad.
La pesca y la agricultura son activos económicos, no únicamente complementos turísticos. El reto es que el agricultor y el pescador no sean simplemente el primer eslabón de una cadena cuyo mayor beneficio se genera fuera y a terceros. La cuestión debería ser desarrollar más actividad en ambos sectores: transformación, comercialización y exportación directa, frío, logística, investigación, formación y nuevas actividades vinculadas al mar y al campo.
El esplendido patrimonio histórico artístico y medioambiental, del que todo el mundo se vanagloria, pero que nadie hace por cuidarlo y ponerlo en valor debidamente, se permite su desmantelamiento, como es el caso de las bodegas en suelo urbano, derribadas para construir pisos o los parabienes municipales al proyecto de las nuevas infraestructuras promovido por la Real Sociedad de Carreras de Caballos en la playa de Las Piletas.
Sanlúcar tiene potencial para una economía mucho más diversa de lo que a veces parece. Todos lo reconocen y todos las obvian en su decisiones políticas de presente y futuro.
No se trata de estar contra las Carreras de Caballos, la Feria de la Manzanilla, festivales, congresos o cualquier otro acontecimiento. Al contrario: Sanlúcar debería tener no más, pero si mejores eventos.
Pero los eventos deberían funcionar como aceleradores de una economía que ya exista, no como sustitutos de ella. Una carrera de caballos debería vender más y mejor a Sanlúcar y no solo la oportunidad de un sarao elitista y postureo. Una feria gastronómica debería generar negocio para productores locales. Un congreso, si hubiese espacio idóneo para ello, debería llenar hoteles, pero también conectar empresas, profesionales y centros de formación. Un evento deportivo debería servir para crear actividad empresarial alrededor del deporte.
La diferencia parece pequeña, pero económicamente es enorme. La pregunta que debería hacerse Sanlúcar no es: ¿Qué evento podemos organizar el próximo mes? Sino: ¿Qué empresas queremos que existan en Sanlúcar dentro de cinco o diez años?
Más allá del diagnóstico urbanístico donde se expresa teóricamente proteger los suelos productivos y de construir un nuevo modelo territorial sostenible, nada se hace por mejorar los polígonos industriales, si es que merecen llamarse así, por su precarias condiciones y nulo mantenimiento que sirva de apoyo y base a un desarrollo industrial en la ciudad.
Por tanto, el debate no debería ser turismo sí o turismo no. Debería ser: ¿Queremos una Sanlúcar que viva fundamentalmente de que otros vengan a consumirla, o una Sanlúcar que también produzca, transforme, innove, exporte y genere empresas?
Los eventos pueden llenar la ciudad durante unos días. La economía productiva es la que permite que la ciudad tenga futuro los 365 días del año.
Hasta ahora, los gobernantes locales de distinto signo político han tendido a decantarse por el turismo masivo y por una economía basada en eventos, probablemente atraídos por una lógica de cortoplacismo: son políticas cuyos resultados se ven rápidamente, generan fotografías, titulares, calles llenas y una sensación inmediata de actividad económica. Y todo ello proporciona un rédito político y electoral mucho más rápido que cualquier estrategia de diversificación productiva, cuyos frutos requieren años y cuyos resultados son mucho menos visibles.
El problema es que gobernar pensando en el próximo ciclo electoral puede llevar a hipotecar el siguiente ciclo económico. Organizar un evento puede inaugurar una legislatura; crear una industria, formar trabajadores especializados, atraer empresas o desarrollar una cadena agroalimentaria requiere perseverancia, planificación y varios mandatos. Esa diferencia temporal explica, en buena medida, por qué resulta tan tentador apostar por lo inmediato.
Sanlúcar no necesita renunciar al turismo ni a los eventos. Necesita superar la comodidad de utilizarlos como principal respuesta económica. El verdadero reto político sería construir las condiciones logísticas adecuadas para una economía capaz de generar empleo y riqueza cuando no haya ningún evento en el calendario y cuando el visitante haya regresado a su lugar de origen.




