SEGUIR HUELLA DEL BENEFICIO
Fernando Cabral.-“Si sigues la droga, te encuentras con drogadictos y traficantes. Pero empiezas a seguir el dinero y no sabes a dónde te va a llevar.” Esta frase convertida ya en aforismo, se hizo muy popular por la serie estadounidense The Wire.
El mensaje es que las investigaciones centradas en el dinero suelen revelar quién financia, se beneficia o controla una actividad ilícita. Mientras que perseguir a quienes venden o consumen drogas puede llevar a actores de bajo nivel (drogadictos y narcotraficantes), rastrear el flujo del dinero puede destapar redes más amplias: organizaciones criminales, corrupción, empresas pantalla, blanqueo de capitales o incluso conexiones políticas e institucionales.
Esta frase, constituye, en realidad, un método de análisis: para comprender un fenómeno complejo no basta con observar sus consecuencias; es necesario identificar los incentivos y los beneficios y beneficiarios directos e indirectos que explican la vigencia del fenómeno.
Una reflexión especialmente pertinente cuando se aborda uno de los pilares fundamentales de cualquier Estado democrático: la independencia e imparcialidad de la Justicia. Y la pregunta que cabe hacerse es directa: ¿que tipo de beneficio puede haber para que un colectivo o grupo de miembros del colectivo, unos más destacados que otros en función de su responsabilidad, estén dispuestos a poner en riesgo su prestigio personal y, por extensión el de la institución que representan, la independencia e imparcialidad que debe rige en el frontispicio de la propia institución judicial?
Diversas encuestas realizadas en España muestran que una parte muy significativa de la ciudadanía manifiesta dudas sobre la independencia del poder judicial. Si alrededor del 65 % de los ciudadanos considera que la Justicia no actúa con la imparcialidad que debería, el dato merece ser analizado con seriedad.
Es cierto que una encuesta no demuestra que exista un problema estructural. La percepción social no constituye una prueba jurídica. Sin embargo, tampoco puede despreciarse como si careciera de relevancia. Las instituciones democráticas no solo necesitan ser independientes; necesitan también ser percibidas como tales. Cuando la desconfianza alcanza a una mayoría de la población, el problema deja de ser únicamente de imagen para convertirse en una cuestión de legitimidad institucional.
Con frecuencia se responde a estas dudas recordando que la Constitución garantiza la independencia judicial, que existen mecanismos de recurso y que los tribunales superiores corrigen los posibles errores de los inferiores. Todo ello es cierto desde un punto de vista normativo y formal.
Sin embargo, si la percepción de falta de imparcialidad alcanza precisamente a las máximas instancias judiciales, esa respuesta deja de resultar plenamente satisfactoria para quienes albergan esas dudas. Si la ciudadanía considera que la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo o incluso el Tribunal Constitucional o el propio órgano de dirección del Poder Judicial actúan en determinados asuntos siguiendo patrones previsibles, la mera apelación a los principios constitucionales no resuelve el problema de confianza.
En toda investigación compleja existe una máxima conocida: seguir el dinero o el beneficio de la índole que sea.
No porque constituyan siempre el origen del problema, sino porque el análisis de los beneficios suele revelar estructuras invisibles cuando únicamente se observan los hechos superficiales. Este enfoque puede trasladarse también al análisis de la judicatura.
Cuando determinadas actuaciones se repiten durante largos períodos, la pregunta no debería limitarse a si una resolución judicial concreta fue jurídicamente correcta o incorrecta. La pregunta debería ser más amplia.
¿Quién obtiene beneficios de un funcionamiento supuestamente anormal del sistema judicial?
Esos beneficios pueden ser económicos, pero también políticos, profesionales, corporativos, comerciales y financieros, ideológicos o relacionados con el mantenimiento de determinadas cuotas de poder, incluso otros que se pueden escapar a nuestra imaginación.
Si únicamente seguimos los hechos visibles, encontraremos sus consecuencias. Pero si seguimos los incentivos y los beneficios que generan determinados comportamientos, tal vez descubramos las verdaderas razones por las que algunos problemas en la Justicia persistan ad eternum.



