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17 de Agosto de 2008

Imagen activa  Jota Siroco.-Algo está cambiando en Sanlúcar: Por fin se está cumpliendo una ley.
-¡Oiga, es que fumar atañe a terceros!
Yo no sé muy bien si el que me lo dice con voz aguardentosa sabe lo que significa “atañe” y “a terceros”, para comprobarlo le pregunto: ¿Quiere usted atañarse la tercera de machaco que es Navidad?.
-¡Vamos a atañarla!- contesta impertérrito.
Por lo que se ve aquí sólo el tabaco atañe a terceros.

Ni las calles sorpresivamente cortadas por obra menor, ni los adolescentes cargados con whisky de garrafón, ni las “cariñosas” bofetadas a los niños, ni la especulación urbanística, ni el deplorable estado de cuentas del Ayuntamiento, ni las deportaciones de vecinos incapaces de soportar el ruido, ni el estúpido sistema educativo, ni la programación televisiva, ni la contaminación industrial, ni siquiera Operación Triunfo, atañen a terceros.

Por eso, hoy quiero dedicarle una canción a los que reniegan de mi atañante cigarrillo. Con la venia:

Le has robado el humo a mi soledad,/a las horas muertas y a las por matar.
Fantasmas y sombras del viejo café/que el puñal del viento trocaba en mujer.

Te cargaste a Churchill y hasta a Groucho Marx,/has hundido a Cuba y al tócala Sam
Me dejaste el aire como una patena,/como hostia divina, como alma sin pena.

A mi me da asco tanta pulcritud,/deja que me pierda y sálvate tu.
Sube a la burbuja de tu limpio cielo,/deja que al diablo yo le pida fuego.

Estribillo:/Me quedo con el aroma de los vegueros,/con el humo de tu boca/y con las brasas que hay en tu cuerpo.

Nota: La música la ha puesto Gallardo y su Banda del Malandar.
LA BOINA: Crónicas locales
JOTA SIROCO

LOS REYES DE LA REPUBLICA

Corría el año de 1982 y casi nadie hablaba catalán en la intimidad.

Paco Madame le dio a mis cabellos de entonces el tono y la textura adecuados para que pareciera un verdadero Rey Melchor. La corona no me quedaba mal, la verdad.

En la Cooperativa, Manolo Galán, nos invitó a tomar una copa de manzanilla para entonar el frío.

A las dos horas de arrojar caramelos tenía en los brazos unas agujetas del diez, pero había que echarle agallas y se las eché hasta que en la calle Ancha no quedó más remedio que cambiar los villancicos por el “cantando bajo la lluvia”.

Baltasar tenía suerte porque llevaba una especie de baldaquino verde que impedía que se mojara, pero Gaspar y yo íbamos al raso, y apenas si cayó el primer chaparrón, las ondas del pelo se convirtieron en fregona, las barbas en estropajo y el manto real adquirió el peso de manta zamorana. Para más inri, los pajes se bajaron de la carroza, el tractorista abandonó su puesto y los chiquillos, visto lo visto, se olvidaron del real cortejo, y allí estábamos los tres reyes hechos una sopa sobre nuestros tronos de oropel.

Pasada la tormenta y clausurada la cabalgata como Dios dio a entender, a José Luis Medina, Alcalde a la sazón de esta villa, se le ocurrió que nos acercáramos al asilo, y allí fuimos vestidos de Reyes Magos tras el diluvio, algo más estrafalarios que a la salida por efectos del remojón.

No sé por qué extraño hado, el caso fue, que retrasé mi salida de aquel lugar y cuando quise darme cuenta la “corte” se había marchado y yo me había quedado vestido de Melchor, por las calles del Palmar.

Paré un taxi que casualmente pasaba por allí, pero, debido a mi aspecto de monarca en el exilio, el taxista contestó a mis pretensiones con un “mira que te gusta el cachondeo, joé”… y de esa guisa “cuestaganaoabajo” tuve que llegar al Ayuntamiento.

Corría el año 1982, eran otros tiempos y ustedes ahora comprenderán que sea republicano.

 
 
   
 
     
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