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El tirano de mi editor

Opinión, Pepe Fernández, Tribunas y colaboraciones

José Luis Zarazaga falleció el pasado viernes 17 de julio.

Pepe Fernández.-Con él se va uno de los colaboradores más fieles y brillantes de Sanlúcar Digital. Pero, sobre todo, se va un amigo. Y cuando se marcha un amigo resulta muy difícil escribir sobre él sin que los recuerdos le ganen la partida a las palabras.

José Luis llegó a Sanlúcar Digital allá por 2008, cuando esta web apenas balbuceaba y daba sus primeros pasos. Lo hizo movido por la curiosidad que despertaba un medio de comunicación exclusivamente digital, algo que entonces todavía era una novedad. Lo que empezó como una colaboración ocasional acabó convirtiéndose en una relación de dieciocho años y en un legado de 196 artículos escritos siempre de forma altruista.

Durante todo ese tiempo nunca dejó de ser él mismo.

Era un hombre de profundas convicciones, pero incapaz de someterlas a la disciplina de unas siglas. Se definía como progresista, aunque eso nunca le impidió criticar con la misma contundencia a la izquierda cuando consideraba que se equivocaba. No se casaba con nadie. Defendía sus ideas con argumentos, con una sólida cultura y con esa ironía fina que tanto le caracterizaba. Discrepar con José Luis podía ser apasionante; sentirse ofendido por él era mucho más difícil. Sabía ser mordaz sin necesidad de ser hiriente.

Le gustaba decir que era un «ateo por la gracia de Dios», una de esas expresiones que solo podían salir de alguien con su sentido del humor. Anticlerical convencido durante buena parte de su vida, terminó encontrando en el Camino de Santiago mucho más que una ruta: una forma de mirar el mundo y de encontrarse consigo mismo.

Quienes leyeron sus artículos saben también que rara vez terminaban sin una cita histórica. Era su manera de recordar que casi todo lo que vivimos hoy ya lo vivieron otros antes que nosotros y que siempre hay algo que aprender de la Historia.

Su otra gran pasión eran las motocicletas. En muchas de las fotografías que acompañaban sus artículos aparecía junto a su moto, como quien posa con una vieja compañera de viaje.

Trabajó durante muchos años en la Casa de la Juventud del Ayuntamiento de Sanlúcar. Solía decir que el Ayuntamiento era una gran familia y, como ocurre en todas las familias, allí había personas extraordinarias y otras no tanto.

Hubo una época especialmente difícil para Sanlúcar Digital. El gobierno municipal decidió que este periódico no debía recibir las notas de prensa del partido que nos gobernaba ni la información institucional del Excmo. Ayuntamiento de nuestra ciudad. Sin hacer ruido y sin buscar ningún protagonismo, José Luis siguió enviándome los carteles y la información de las actividades de la Casa de la Juventud. Nunca hizo discursos sobre la libertad de información. Simplemente actuó conforme a sus principios. Ese gesto, que quizá pasó desapercibido para muchos, dice mucho más de él que cualquier elogio que pueda escribir hoy.

Durante años compartimos muchas tardes de café en el Hotel Doñana. Allí repartía sus dardos con una puntería extraordinaria. Víctor, Bartel, excelentes profesionales del hotel… nadie estaba completamente a salvo de su ironía. Yo tampoco.

Para él siempre fui «el tirano de mi editor».

Terminaba un artículo, me lo enviaba y, apenas unos segundos después, sonaba el teléfono.

—Te he mandado un artículo para darle caña a éste… o a ésta…

Y entonces comenzaba a explicarme las razones que le habían llevado a escribirlo. A veces aquella conversación duraba más que el propio artículo.

Antes de colgar llegaba siempre la misma recomendación.

—Publícamelo a la hora lorquiana… a las cinco de la tarde.

Nunca me explicó por qué insistía tanto en aquella hora. Tal vez era simplemente un ritual, tal vez un guiño al inmortal granadino. Nunca se lo pregunté y él nunca sintió la necesidad de explicarlo.

Ahora ya nunca lo sabremos.

Durante dieciocho años procuré cumplir aquella pequeña manía siempre que era posible.

Hoy también.

José Luis nos deja 196 artículos. Pero, en realidad, nos deja mucho más que eso. Nos deja 196 conversaciones abiertas con cualquiera que quiera volver a leerlas. En una época en la que abundan las opiniones de usar y tirar, él nos deja textos que siguen invitando a pensar, a discrepar y a debatir. Ese es el mejor legado que puede dejar un articulista.

Dentro de unos días, sus cenizas serán esparcidas en un rincón de España que él eligió. Ese lugar pertenece a su intimidad y a la de quienes más le quisieron. Así debe seguir siendo.

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco de la tarde.

Hoy, José Luis…ya está publicado.

Pepe Fernández «El tirano de tu editor«

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