«Los ofendidos», novela de Ignacio Arrabal

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LA ELEGANCIA DEL ARRABAL, SOBRE “LOS OFENDIDOS” DE IGNACIO ARRABAL, ED. ANANTES 

La pulsión gregaria de un determinado grupo humano se manifiesta ya sin ambages cuando pierde la perspectiva y se recluye en sí mismo. Como si a un pueblo perdido le surgiera de la nada una montaña que elimina toda posibilidad de horizonte. 

Esto pasa en “Los ofendidos” la novela de Ignacio Arrabal. 

La mayor ofensa puede ser muchas veces la constatación de quiénes somos realmente, la impiedad del espejo que nos refleja. Como si en la casa de un forastero que huyendo del mundo arriba hasta un lugar extraño y se le ocurriese a este hombre, no se sabe si consciente o inocentemente, colocar una puerta de entrada con un espejo en el que cada uno de los visitantes se viese reflejado antes de cruzar el umbral. 

Eso pasa en “Los ofendidos” la novela de Ignacio Arrabal.

El hálito de esperanza que propicia que el mundo siga hacia adelante llega siempre de la mano de quien tiene la voluntad de huir de su propio destino, de aquellos que conservan la audacia y se atreven a barajar los sueños. Como si se soñaran mapas que amagan el pálpito de la liberación y la fuerza de la juventud. Como si se fuese capaz en la vigilia de cartografiar esos mapas del sueño y delimitar el sendero que nos lleva hasta el mar. 

Eso pasa en “Los ofendidos” la novela de Ignacio Arrabal. 

Si a todas estas metafóricas señales, añadimos una escritura pulcra que sinuosamente te va atrapando con sus aciertos y te guía durante ciento cuatro páginas a través de una fantasmagoría de secretos, supersticiones y maledicencias, estás leyendo “Los ofendidos” la novela de Ignacio Arrabal. 

Si, socorrido por esa prosa elegante, no te pierdes ni un instante en la lectura, porque cada situación y cada personaje encajan perfectamente en el puzzle narrativo e hilan la armadura literaria con la que el autor ha querido hacerte cómplice del elemento sustancial de la novela; la perplejidad del lector. Si te vas sumergiendo en esa extrañeza, estás leyendo una novela titulada “Los ofendidos” de Ignacio Arrabal. 

Si la modernidad literaria se inauguró, a mi juicio, en occidente con “El extranjero” de Albert Camus y su templada- y amarga- constatación del desaliento del hombre frente al absurdo de la existencia y a la maquinaria del poder que lo maneja como una rota marioneta, la novela de Ignacio Arrabal participa de esa fatiga existencial. De esa moral apátrida que carece de asideros ideológicos o religiosos y sólo encuentra sentido en el onírico territorio de la ficción y de los sueños. Incluso los sueños prestados por un amigo, tal y como decide el adolescente que narra, sin que apenas nos demos cuenta, esa angustia de la vida y de la muerte. 

Ignacio Arrabal ha escrito una novela muy valiente. Contenida, precisa, a veces cruel y probablemente la más personal de las suyas, la más liberada de otras maestrías y en la que uno no percibe otra influencia que la de la excelencia literaria, que no tiene nombre, pero tiene historia y tradición. 

Hágame caso; léala y busque su propia montaña, su personal espejo, su indeciso misterio, su ofensa. Y su esperanza.

Juan Antonio Gallardo «Gallardoski»

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