Fray Isidoro y su Pastora

Historia
{jcomments off}Fray Isidoro y su Pastora
A D. Antonio y Manuel Martínez Rodríguez, devotos de la Divina Pastora.
Todo comienza en la muy mariana ciudad de Sevilla. La Santísima Virgen se apareció al Padre Isidoro. Fue en el coro bajo del convento de Capuchinos, en traje de Pastora y rodeada de ovejas, mandándole extender por el mundo esta nueva advocación.
El Padre Isidoro de Sevilla, de la ilustre y nobilísima familia de los Medina y Vicentelo de Leca, obedeciendo a la inspiración del cielo, se dirigió al célebre pintor de Higuera de la Sierra, D. Miguel Alonso de Tovar, y le encargó una pintura de la Divina Pastora. De esta forma narró al artista su visión: “En el centro y bajo la sombra de un granado, la Virgen Santísima sedente en un peña, irradiando su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto, hasta las rodillas, de blanca pellica ceñida a la cintura.  

Un manto azul, terciado al hombro izquierdo envolverá el contorno de su cuerpo, y hacia el derecho, en las espaldas, llevará el sombrero pastoril, y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá unas rosas y posará la mano derecha sobre un cordero que se recoge en su regazo. Algunas ovejas rodearán a la Virgen, formando un rebaño, y todas en sus boquillas llevarán sendas rosas, simbólicas del AVE MARÍA con que la veneran. En lontananza se verá una oveja extraviada y perseguida por el lobo,”

Y de esta manera, en la tarde del 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, determinó en Padre Isidoro sacar en procesión de Rosario la reciente advocación de María, bajo el título de la Divina Pastora de las Almas. El lugar elegido para su presentación a los fieles fue la Alameda de Hércules, testigo de la primera predicación a la Divina Pastora. Desde ese momento, no tuvo otro empeño que dar cumplimiento a la voluntad del cielo, extendiendo rápidamente la nueva advocación y creando hermandades que perpetuasen la devoción a la Madre de Dios bajo tan dulcísimo nombre, tanto en la capital como en distintos pueblos de la archidiócesis, siendo llevada por la Orden Capuchina al resto de España y América.

A lo largo de estos años de historia, la Divina Pastora ha contado con apóstoles como el Padre Isidoro de Sevilla (iniciador de la devoción), el Padre Luis de Oviedo, el Padre Feliciano de Sevilla, el Padre Miguel de Benaocaz, primer director espiritual del Beato Diego José de Cádiz, el mismo Beato Diego José de Cádiz, asombro de su siglo que siempre acompañaba sus misiones con la presencia del estandarte de la Divina Pastora, los célebres prelados Padre Vélez, arzobispo de Santiago, el Padre Félix, Obispo de Cádiz, el Padre Carrión, Obispo de Puerto Rico, Martínez y Sáez, Obispo de la Habana; y ya casi en nuestros días el Cardenal capuchino Vives, nuestro Cardenal Beato Espínola, el Padre Esteban de Adoáin, cuyos restos descansan en el convento de capuchinos de nuestra ciudad. Mención especial para el gran historiador de la Virgen y autor de innumerables libros sobre Ella, el Padre Juan Bautista Ardales, cuyo libro “La Divina Pastora y el Beato Diego José de Cádiz” constituye un verdadero punto de referencia sobre el tema. No podemos pasar por alto tampoco la figura del Padre Manuel María de Sanlúcar (1781-1851), Obispo de Santiago de Compostela, Caballero Gran Cruz de Isabel la Católica, que en su novena, editada en 1847 dedicada a la Virgen de la Caridad nos dice: “…socorriéndonos como Madre, amparándonos como PASTORA, defendiéndonos como Reina…”

En el convento de Capuchinos de Sanlúcar se había establecido el Seminario de misioneros, siendo el reverendísimo padre general, fray Pablo de Colindres. Con motivo de su visita de 1763, la comunidad acordó poner en su iglesia la imagen de la Divina Pastora, Patrona de las misiones capuchinas de la provincia. Muy pronto se determinó hacer otra escultura, de bellísima factura, muy parecida a la imagen de la Divina Pastora de Jerez, que es la que actualmente se venera en la Iglesia de Capuchinos.

Siempre recuerdo una pintura que había en el antiguo museo de la Divina Pastora del convento de Capuchinos de Sevilla, cuna de esta devoción, que era conocida como la Pastora Dolorosa. Representaba a la Virgen en el monte Calvario, con los siete puñales, rodeada de ovejas y las tres cruces desnudas al fondo. La verdad es que María es Pastora desde la tarde del monte Calvario, cuando Jesús, en su agonía, por medio de San Juan, nos la dio como Madre para cuidarnos y acercarnos a su hijo, el Buen Pastor.

La devoción de la Divina Pastora en Sanlúcar se hizo tan sanluqueña como el Castillo de Santiago, Las Covachas o la Manzanilla, basta dar un vistazo por las casas de campo o chalets para comprobar la existencia de cerámicas y azulejos de la Divina Zagala.

Recordar también que la Divina Pastora es la titular Madre y Patrona de las religiosas Calasancias “Hijas de la Divina Pastora” o, el altar dedicado a la Virgen Pastora en la parroquia de Ntra. Sra. Del Carmen, hoy totalmente remozado y embellecido.

Así la podíamos ver también el día de la procesión con su corona de Reina, tal como la describe en su libro el venerable Padre Isidoro de Sevilla, o como nos recuerda los misterios del Santo Rosario, “María coronada como Reina y Señora de todo lo creado.”

Animar y recordar a todos sus devotos que la Virgen nos espera en su bello camarín adornado con las bellas pinturas de Francisco Maireles, para recibir nuestras oraciones y plegarias y las de su pueblo, Sanlúcar.

 

Fray José de Sanlúcar, Capuchino. 

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