Servicio a España

Opinión, Pepe Fernández

Pepe Fernández.- Para la ministra de Defensa, Margarita Robles. parece que en España solo trabajan los militares y la élite de políticos apoltronados que más que servir a España se sirven de ella metiendo las manos en su caja enmascarándose en valores y colores patrios. 

La entrevista de anoche en una cadena de Tv de la ministra Margarita Robles fue de traca por lo reiterado de sus alabanzas a los entorchados y a la institución monárquica de la que dijo era un primor de transparencia y modernidad, con un titular guapísimo igual que el presidente de su gobierno, de nuestro gobierno.  

La labor de la UMED en la pandemia no es altruista, solo es parte del trabajo encomendado a esta unidad militar para socorrer a la ciudadanía en los momentos en que las infraestructuras, recursos técnicos o humanos son insuficientes en los organismos públicos. Su dedicación forma parte de sus obligaciones cuando la sociedad civil les requiera, a ellos y a todos los funcionarios públicos del estado español. 

Mensaje torticero, cansino y falaz dedicar esas grandilocuentes palabras a esa franja de población laboral olvidando a los trabajadores que se levantan todos los días para cumplir con sus obligaciones con más años que el Jemad que se saltó la lista de la vacuna dejando a alguien en la estacada o en el cementerio. El servicio a España y el honor de este alto mando militar, que como el valor de los marinos, se le presupone, cuenta poco y Robles lo convierte en un  héroe por su pronta dimisión, ofreciéndole un destino de oro, dicen, con un anhelado y jugoso puesto en Washington porque según la ministra no se le puede echar a la hoguera por saltarse la cola de la vacuna. Habría que preguntarle a la familia de quien ya no podrá ponérsela. 

Y es que el servicio a España se ejerce desde un cuartel o desde un hospital, un andamio, fábrica, barco mercante, “juanelo” sanluqueño, panadería, colegio, barra de bar, oficina, y un largo e infinito número de puestos de trabajo en nuestra nación. 

La ejemplaridad de la casa real y del jefe de estado, es otro de los desvaríos interesados que parte del gobierno quiere hacernos llegar para no tocar a la institución porque peligra la continuidad de España como nación pero, sin embargo, tenemos un monarca al que ya se le empieza a perdonar todo como a su padre. Felipe de Borbón da lecciones, como su padre, en el discurso de Navidad y solo habla para felicitar las pascuas militares a la familia castrense, disparar filípicas constitucionales a los catalanes por desleales, y callar mucho.  

Ahora que el canal de Suez está cerrado a cal y canto por un mamotreto de barco, Ever Green, atravesado entre sus orillas, con las millonarias pérdidas económicas y logística que ello supone para Europa, es bueno que la ministra Robles sepa que decenas de españoles atraviesan el canal desde Port Said a Suez y viceversa todos los días para llevar riqueza y prosperidad a España y a Europa. Algunos ya lo hicimos, prestando con ello un servicio a nuestro país no menos importante que el señor del Jemad ni más que el camarero que nos sirve un café todos los días o el operario municipal que adecenta y limpia nuestras calles. Todos, todos y todos, servicios a España.

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