Sombras del castillo

José Antonio Córdoba
Resplandor en el cielo
José Antonio Córdoba.-Las grandes ciudades y pueblos con su excesiva luz artificial, nos están convirtiendo en unos completos ciegos, frente a nuestros cielos nocturnos.
Cielos nocturnos, inmensos lienzos con fondo de negro azulado, salpicados por centenares, miles, millones de puntitos luminosos, queriendo salir o caerse de ese lienzo y llegar a nuestras manos. Estrellas, planetas, soles, etc., acercan su luz hasta nuestros cielos.
Hubo una época en la que la aparición de objetos extraños, suscitaban preocupación, miedo, inquietudes y, sobre todo, curiosidad. Esa curiosidad que siempre ha llevado al ser humano a mirar y escudriñar cada rincón de este bello lienzo. Pero cada vez está más constatado que apenas levantamos la vista. No dedicamos tiempo de nuestro quehacer diario a plantearnos cuestiones más serias que las simplezas de la política.

El ser humano ha de tener una finalidad en su existencial vida. Contemplado la evolución de la Humanidad a lo largo de su historia, se observa un acuciante declive de su propio yo, de su ser y estar aquí. Ya no tenemos conciencia de nuestro entorno mágico. De esos lugares  donde permitir que nuestra energía celeste interrelacione con la energía de la Naturaleza y los más importante con la del Universo.
La entrega de los conocimientos fundamentales del Universo a la masa, ha creado una corriente de rechazo por parte de la sociedad que no ha hecho más que nublar nuestros sentidos con respecto a nuestro lugar en el espacio y el tiempo.
 
También hemos extraviado aquella ilusión que te asaltaba al transitar por una carretera aislada, dejando atrás las luces de la civilización, en seguida te ponías a mirar escudriñando el cielo por si veías una luz de movimiento dispar e incluso armónico, y a la que señalándola con el dedo, dijeras a los demás que te acompañaban ¡mirad un OVNI!
Las visitas de extraterrestres tienen un significado más simple, del que Hollywood, nos viene presentando de maneras tan dispares, como sus fines. Algo impensable para nuestras retorcidas mentes pues nosotros dominamos el Universo.
 

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