Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Desde la Atalaya
José Antonio Córdoba.-Por la atalaya asoma la madrugada, trae hasta mí, junto con una suave brisa marinera, los sones de tambores y trompetas del cortejo que acompaña a la Divina Pastora.
Hombres, mujeres y niños en procesión marchan por la que antaño fuera ribera del rio Betis, hoy calle de la Pastora.con las marchas procesionales.
Aquí asomado, esperando poder ver la comitiva de la Pastora  enfilar esta cuesta de Capuchinos, alzo la mirada y bajo un cielo sin luna, las luces del pueblo luchan frenéticamente con ganar espacio a la oscuridad natural. Intento que mi mente me lleve a una época en la que desde aquí se podía vislumbrar las aguas de ese río que enamoró a tastas culturas que por él han navegado y en esta orilla se han asentado.

Me embarga un sentir que no se explicar, al imaginarme navegando por aguas del océano y que a las claras de un día más, sin agua, sin comida, sin aliento y sin esperanzas de vida un grupo de marineros valiente vieron por vez primera en algunos años una silueta conocida, familiar. Llegaban a casa 17 marineros exhaustos, una lengua conocida, tierra firme libre de fiebres, fieras e indígenas. ¡Por fin!, España se abría ante ellos. ¿Se han parado alguna vez a pensar el sentimiento de esos hombres cuando pisaron tierra, en nuestro trocito de ribera?, probablemente no.
 

Pero un inculto como yo me puedo permitir el lujo de soñar. Y sueño, con ser uno de esos hombres. Sueño con  su ignorancia enriquecida por la naturaleza, por el prodigio de la raza humana, en sus más diversas culturas estos hombres conocieron. Sueño con el sufrimiento, con el amor, con la pasión, con el miedo que esos marineros vivieron en esos tres años de travesía. Y ahora que sueño, siento envidia de no haber sido uno de ellos.
 
Pero despierto y pienso, que el sueño es una premonición de mi realidad futura, ¡claro, que no voy a navegar hasta las Indias!, pero sí que puedo llevar a lo más alto el sueño de esos marineros después de casi quinientos años. El sueño de revivir con todos los honores su hazaña. Ellos no encontraron, soldados en formación de honor; no encontraron a mujeres gritándoles con ardor; niños mirándoles con asombro y orgullo; ellos no encontraron rey o duque que les estrecharan la mano. Ellos, llegaron a nuestra orilla, en la más absoluta de las indiferencias. La misma que sigue vigente hasta la fecha.
Desde ayer podemos ser ese cortejo de bienvenida que no tuvieron. Podemos ser capaces, de una vez por todas, de reconocer nuestra verdadera MEMORIA HISTÓRICA. Esa que no hace al hombre, sino a la Humanidad.
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