Cartas de una sombra

Articulos, Cultura, José Antonio Córdoba

José Antonio Córdoba.- Fuera del carrusel.  Que gran entretenimiento para la época en que fuimos infantes, donde su música era el brujo para tan pequeños oídos.

            Pero la vida es ese carrusel al que nos suben sin pretenderlo, sin música cautivadora, pero con la sensación siempre presente, de que al menor descuido nos arrojaron de él.

                Algunos fuimos conscientes, no de donde estábamos, sino del momento en el cual nos arrojaron por vez primera del carrusel de la vida, y como si la vida en ello nos fuera, nos pasamos gran parte de esta luchando y sangrando por volver a pisar aquel suelo giratorio, decorados de vivos y variopintos colores.

        Sentado en esta lejanía, veo el carrusel en el cual he estado casi una vida luchando, dejando mi sangre en sus enseres por no bajarme, pero tarde aprendí que eso no estaba en mi mano, como no está en la mano del mosquito acabar en el  morro o parabrisas de un coche, por más que lo vea venir, por más que aletee sus diminutas alas.

                 Hoy contemplo el carrusel girar y en verdad me pregunto, ¿para qué tanto empeño? Veo en cada vuelta la misma gente o gente distinta, pero con las mismas viscerales ansias por aferrarse a las asideras de los elementos decorativos del carrusel, desgastando horas, semanas, meses y años en algo que al final se les escapa entre sus dedos, su vida.

           Mira a aquel pisando sin miramientos los dedos de aquel otro que toma el asa del colorido caballito, para en la siguiente vuelta, si consigue soportar el dolor, tener la mínima posibilidad de poder mirar por encima a los demás. ¡Pobre infeliz!, que no se reconoce en aquel o aquella que ahora le pisa sus dedos.

                 Si salté o me tiraron, ¡qué más da! Al final, un día caes y te vuelves sin intención de levantarte, simplemente te sientas y contemplas el girar de aquel. Con el tiempo vas teniendo claro que has gastado tanta energía vital en aquellos infructuosos intentos por subir, que ahora, aquí sentado en esta lejanía que me permite el destino, soy una mera sombra en la noche que contempla las vueltas del carrusel.

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