Cartas de una sombra
La rosa y el caballero
José Antonio Córdoba.-Existe un lugar mágico en la ribera de un río, donde los lugareños cuenta la leyenda de generación en generación.
Cuentan que en lo más alto de la ribera, existe una flor especial y mágica. Aunque de nombres varios, la han dado en llamar Rosa. Sus pétalos son del más rico y suave terciopelo blanco. Su tallo esbelto, pero robusto. Sus espinas hermosas pero tan afiladas como el mejor acero español.
Narran los ancianos que la flor fue una moza del lugar, tan bella como lo era ahora la rosa. Una noche de otoño, la moza desapareció del lugar, sin que hasta la fecha apareciera. En su día se habló de que sufrió un mal de amor, y esa noche a las estrellas pidió castigo por tal agravio, jurando no vivir. Las estrellas escucharon su llanto y la Luna secó sus lágrimas. Allí floreció la más bella rosa.
En el pueblo te dicen al preguntar por el lugar, que es fácil de reconocer, por su elevación y los tulipanes negros que se encuentran al paso. “No pregunte Señor, nadie sabe a ciencia cierta de donde salen esos tulipanes”.
Es cierto el camino de subida es hermoso, el verde del lugar contrasta con el negro de los tulipanes, según asciendes, una mole de granito gris oscuro recibe al caminante. Aquí es más tupido el manto negro. Sin embrago, en el centro de este campo de tulipanes se alza una bella y majestuosa rosa. El frío del invierno y la brisa del mar arrecian y sin embargo, la rosa parece no sufrirlos. Ante la incredulidad del observador, un anciano sentado sobre una piedra, llama mi atención. “venga acá, joven, si quiere encontrar sentido a lo que sus ojos ven”, así lo hago y sentado junto al él mirando ambos esta curiosa estampa, me cuenta: “De la rosa y tulipanes ya le habrán contado algo en el pueblo”, -yo asentí-, “pero lo que no le han contado es, del por qué, de los tulipanes. Yo tarde años hasta que un día pude comprobar la magia de la rosa. Si mi joven amigo, la rosa y los tulipanes están dentro del mismo misterio. Todo el que se acerca a tocar la rosa e intenta arrancarla es convertido en tulipán negro” -El anciano guardo largo silencio tras su explicación, al yo hacer amago de preguntar por la figura de piedra, él continuó-. “Si mi joven amigo, el arcángel de granito es también parte de la magia de la rosa y los tulipanes negros. Cuentan que dos caballeros llegaron al lugar y contemplaron la rosa, una de ellos descabalgó y fue a tomarla para su dama, y quedó en tulipán convertido. El otro Caballero desmontó, aún perplejo por lo ocurrido, allí se quedó por muchos años”. -Yo le pregunte si por ello la figura de piedra, ¿un recuerdo?-. “No amigo mío, la figura es el segundo Caballero. Cuentan que tanto respeto y amor tenía a su amigo que una noche, un 21 de julio, imploraba a su Dios cristiano que su amigo volviera a la vida y él ocupara su lugar. Entonces la rosa desprendió un pétalo y fue a posarse en el pecho del Caballero que rezaba, y este se puso en pie, a la vez que un tulipán tomaba forma humana, los dos hombres se abrazaron. El segundo caballero pidió a su amigo que regresara a su hogar. Él habría de ocupar su lugar y protegería a la rosa, pero en vez de transformarse en tulipán, en un arcángel de granito se fue convirtiendo, clavó la espada en la tierra, entre sus pies y su acero a la bella rosa cobijó, mientras él miraba al horizonte. Mi joven amigo, ahí no acaba la magia, pues cuentan que desde aquel día todos los 21 de julio, una lágrima del arcángel humedece la rosa al alba, y al atardecer un pétalo de la rosa se desprende y acaba en el pecho del Caballero de piedra, fundiéndose en su corazón”
Ante esta historia pregunté al anciano, como sabia tantos detalles. Al no obtener respuesta giré la cabeza y no había nadie, estaba absolutamente solo. Mientras me incorporaba, una voz traída en la brisa, me susurró: “Nunca pude dejar a mi amigo y a su rosa”
