Arcángeles

José Antonio Córdoba
Arcángeles de San Bernardo
José Antonio Córdoba.-Si al hablar de la Orden del Temple, hay que discernir bien entre la realidad y leyenda, si es verdad, que ambas son precisas para comprender su historia.
Hoy que miramos esta parte de nuestro pasado desde la lejanía, nos sorprende al pensar cómo podía existir una organización con este calado tanto en el pueblo, como en las cortes y hasta en el propio Vaticano.
Pero hay un aspecto que quizás no se debería de juzgar tan a la ligera, y ese es, la cuna de la Orden.
¿Dónde nace la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo? ¿Ciertamente nace en la mente de un noble de segunda en una campiña, centro del territorio de los francos?

La Orden nace siguiendo la estela de una corriente monástica, esta corriente religiosa se expandía en encomiendas, monjes, pero principalmente expandían la cultura que custodiaban y copiaban a través de sus manuscritos, algunos de los cuales han sentado las bases de la Europa moderna.

Aunque se baraja que la fundación principal de la Orden estaba motivada por la necesidad de atajar el movimiento sarraceno en la Tierra del Señor, bien es cierta que no se fundó allí, en Tierra Santa, si no en el extremo occidental del mundo conocido.
Hoy me pregunto, si el nacer de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo no obedeció a un fin mucho más mundano. En todo el territorio de los francos y en algunos puntos fuera de este, se estaba desarrollando a paso agigantado el poder religioso de la Orden del Cister, principalmente promovido por un monje joven, inteligente, apasionado y gran defensor de las cruzadas en los santos lugares. San Bernardo de Clairvaux, fue un hombre que con su convicción, supo dar gloria a su fe y promover en Europa unos cambios impensables para las gentes de su época.
Pero volviendo a un tema algo más escabroso, tenemos que recapacitar un poco sobre la labor de San Bernardo. Este hombre de gran intelecto y sabiduría desestabilizó coherentemente el mundo monacal de su época, sacó del letargo la visión de la vida contemplativa, adaptándola al cambio de los tiempos. Estos cambios en una sociedad completamente cerrada y carente de unas miras tan abiertas supo crear tras de San Bernardo y una simiente de recelos, envidias y odios, que bien podían dar al traste con la obra impulsora de este frágil hombre de Dios.
No sería mal pensar que si este santo hombre visitador de cortes conocía los riegos de promover estos cambios en una sociedad cien por cien belicosa, debiera  prevenir posibles hostigamientos hacia su labor, convenciendo a familiares y amigos para crear los Arcángeles que guardarían del celo humano su labor celestial. Hombres blandiendo el acero celestial. Los Pobres Caballeros de Cristo.

Comparte nuestro contenido