Volviendo a la isla. Imposturas

F. Javier Franco

Juan Antonio Gallardo «Gallardoski».- Tampoco es que pusiera uno mucha atención al espabilado que peroraba por la radio, pero me pareció escucharle afirmar con esa pomposa rotundidad que caracteriza a muchos de estos especímenes,  que el pasado  lunes a las ocho más o menos en punto de la tarde, la lava volcánica llegaría al mar. 

El que afirmaba tal cosa era  un plumífero, uno de los “sospechosos” habituales de los medios de comunicación, mas; lo sorprendente es que justo al lado suyo había otro tipo que decía ser vulcanólogo diplomado y que corroboraba la hora incluso con más exactitud que el plumífero.  A las ocho en punto de la tarde, como Lorca con Ignacio Sánchez Mejías, pero este último a la hora del té. 

Sabe dios si de verdad era científico el otro prenda. Sabe dios cómo- de serlo- se sacó la carrera y dónde. Y cuánto…

Como la lava finalmente dijo que iba a llegar al mar cuando le saliera de sus fuegos, unos días después ambos lumbreras, se desdijeron de todo lo dicho sin asomo de rubor. Y el vulcanólogo, un poco derrotado y triste, justo es reconocerlo, concluyó diciendo por el micrófono que lo mismo ni llegaban al mar el fuego y la ceniza. 

Nos reímos mucho de Rajoy cuando soltó aquello de que un primo suyo, meteorólogo, era incapaz de asegurarle qué tiempo haría en Sevilla el fin de semana. Bueno, con Rajoy cuando no estaba montando policías patrióticas, o recibiendo sobres, o reprimiendo a la población con porras o con reformas laborales, nos reíamos bastante. Creo que fue un acierto de la derecha poner como líder de su partido a uno que parecía ir por la vida encogiéndose de hombros y poniendo la mano, como un señorito de casino de provincias que mientras que le dejen leer el Marca cada tarde en un velador, tampoco va a ir por ahí fusilando a nadie. Los nuevos ya hemos visto cómo son. No dan risa ninguna. Unos dan pavor y otros un poco de fatiga. 

El caso es que aventurarse a opinar sobre lo que se desconoce es tan arriesgado que solamente con una cara más dura que el cemento armado, se puede seguir saliendo por la tele o hablando por las radios, después de decirle al mundo, pongamos por caso;  que las mascarillas no hacen falta para contener la propagación del virus nuestro de cada día. O que lo importante es el uso de guantes de látex y que lo demás es aleatorio. 

Un cachondeo, vamos, que lo dice un cualquiera y lo tratamos de tonto para los restos, pero que proferido  por algún solemne secretario de estado parecería que no se lo tomamos en cuenta y hasta que podría ganar unas próximas elecciones a presidente de su comunidad de vecinos. 

Al fin y al cabo, si quitamos a un científico loco o a un político bocazas  ¿quién vendrá a sustituirlo? ¿Otro majara por el estilo? 

Yo, confieso que si llego a decir  las tonterías que han dicho epidemiólogos, virólogos, futurólogos, políticos y astronautas sobre la pandemia, de verdad que me confino pero no de miedo, sino de vergüenza. 

Y sin embargo a estos tíos y tías les da igual. Venga bla, bla, bla y venga pasar por caja para recoger los frutos de su ilustrada estulticia. 

El volcán sigue explosionando y lanzado ceniza y fuego sin someterse a diagnósticos.

 La naturaleza es fascista,  dice Camille Paglia en “Las personas del sexo”  Que le pregunten a los ñus y a las gacelas del África. 

Y también se dice que la naturaleza como los barrocos, rechaza el vacío. 

El volcán de la isla Canaria de la Palma,  parece subrayar estas expeditivas sentencias con su falta de respeto por los expertos y se retuerce su entraña como en una diarrea de fuego explosiva que provoca pavor y fascinación, aunque seguro que  no tanta fascinación como para irse de vacaciones a mirar el espectáculo, aunque cualquiera sabe, si nos anima mucho a hacer el cretino  la ministra Maroto, que esa es otra que si tuviera algún pudor ya estaría alquilando una casa rural de la España vaciada para que el país se olvidase de ella y de las gilipolleces que soltó por su boca.

Pero nadie se va a ningún lado; a hacer puñetas, a tomar viento, al infierno. 

Todos se quedan disimulando como los niños chicos cuando han montado algún estropicio y se hacen los tontos o culpan directamente a otro niño chico.  Así la vida social y la alta política. ¿O era de la politiquería de lo que estábamos hablando?

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