La Trastienda

Enrique Romero Vilaseco

Juan Marín y su “voxitis aguda”.

Enrique Romero Vilaseco.-  Anda el naranjito como alma en pena de televisión en televisión, de periódico en periódico y de radio en radio, diciendo memeses y chorradas de este tenor: “VOX no va a cantar el Cara al Sol mientras esté yo aquí”. El cazamoscas, título que le endiñó un periodista, está desesperado. El Nariñoanjito está de los nervios ante lo que se le viene encima y como los toros mansos cobardea en tablas, embistiendo a VOX resabiado por su cercana humillación electoral. Olvida el naranjito que su origen político nació en la antigua Alianza Popular, el partido que fundara varios ministros franquistas, entre ellos el ínclito Manuel Fraga.  No quiero pensar que el pobre Juanito esté desde entonces traumatizado porque le obligaban a cantar el Cara al Sol en cada reunión de la Alianza Popular del momento. Lo mismo la criatura viene arrastrando ese peso desde antaño y ahora ve fantasmas por todas partes. En sueños ve yugos y flechas, y águilas de san Juan por doquier y se

despierta angustiado pensando que el Caudillo se ha levantado de la tumba y ha poseído el cuerpo de Santiago Abascal. Su “voxitis” aguda, enfermedad diagnosticada por su colega Jesús Aguirre, lo está llevando por la calle de la amargura. Atrás quedó aquel mayo de 2019 cuando un Marín manifestó que no comparte “en absoluto” las palabras del Presidente del PP, Pablo Casado, en las que calificó a Vox como “extrema derecha”, y defendió que él no va a ”poner etiquetas” a ninguna formación política. Por aquel entonces, el cazamoscas era inmune a la “voxitis aguda” que con el paso del tiempo le viene afectando y se guardaba muy mucho de asemejar a Vox con el franquismo. ¡Cómo ha cambiado el relojero con el paso del tiempo!  Nunca mejor dicho hablando de relojes. Aunque no es de extrañar sus bandazos, pues alguien que ha pasado por diferentes partidos políticos y que ha cambiado tanto de chaqueta, no tiene ningún prejuicio a la hora de decir una cosa y la contraria. 

               Este naranjito quijotesco, que intentar luchar y vencer a los molinos de vientos creyendo que son atroces monstruos franquistas, aún sigue pensando que representa algo en política. Ahora anda el hombre intentando atraerse a los votantes y simpatizantes de lo poco que queda de andalucismo. Le ha entrado la nostalgia de lo que en su día fue el PA, del que era  por cierto militante y dónde ni siquiera pudo ostentar el cargo de funcionario de empleo, ya que perdió esa opción en una votación interna que ganó otro miembro andalucista. Es patético ver este personaje chapoteando como puede en un mar que ha ido tragándose a la inmensa militancia de Ciudadanos. Ahí anda el náufrago agarrado a un clavo ardiendo con la única intención de al menos mantener su escaño en el Parlamento Andaluz. Su esperanza es estar otros 4 añitos más cobrando un suculento sueldo y esperar tranquilamente su jubilación. Por el camino no ha parado de dejar cadáveres, militantes de su partido mucho más preparados y eficientes que él. Los primeros en abandonar el barco fueron Antonio Reyes y José Luis Alhambra, cuya meta era trabajar por Sanlúcar y no convertirse en un partido a nivel nacional. Luego se deshizo de otros muchos, entre ellos de Sergio Romero y así, entre deserciones y purgas, hoy Ciudadanos es un partido que solo espera firmar su acta de defunción. 

                 Desde este humilde artículo le sugiero al cazamoscas, que lo mejor que hace es retirarse ya de la política. Has conseguido algo impensable, por arte de birlibirloque alcanzaste el cargo político más alto al que ha podido llegar cualquier sanluqueño. Ni siquiera sanluqueños de mucha mayor talla política que el naranjito consiguieron tal alta cota. Más vale que te retires antes de que te echen los andaluces en las próximas elecciones. Aprenda usted de los toreros, artistas o futbolistas que dejan sus correspondientes profesiones antes de que las mismas sirvan para dejar la impronta del fracaso y el abandono, después de haber conseguido fama y dinero.

                  Y es que Juan Marín políticamente está muerto y sigue intentando dar oxigeno a un cadáver como es su partido.

                   El 28 de febrero de 1953, Josef Stalin murió, no sin antes estar más de 16 horas tirado en el suelo agonizando. Nadie se atrevió a entrar en su habitación y se hizo famosa aquella frase “Stalin ha muerto, pero a ver quien es capaz de decírselo  Ciudadanos y Juan Marín hace mucho que murieron en Andalucía, pero parece que nadie está dispuesto decírselo al “líder” de la formación naranja.

                                            

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