Ecologistas en Acción de Cádiz vuelve a resaltar la insolvencia de los galardones «Banderas Azules»
La adjudicación de «Bandera Azul» no significa calidad ambiental ni calidad de las aguas de una playa, solo servicios turísticos.
Las 32 «Banderas Azules» para playas en la provincia de Cádiz en el año 2026 (una más que el año pasado):
- Algeciras: Getares
- Barbate: Zahara de los Atunes
- Cádiz: La Caleta, La Cortadura-Poniente, La Victoria, Santa María del Mar
- Chiclana: La Barrosa, Sancti Petri
- Chipiona: Camarón-La Laguna, Cruz del Mar-Canteras, La Ballena (recupera), Micaela, Regla
- Conil: El Roche, La Fontanilla, Los Bateles
- El Puerto de Santa María: Fuentebravía, La Puntilla, Santa Catalina (tramo Vistahermosa-Las Redes), Valdelagrana
- Rota: Galeones, La Ballena, La Costilla, Punta Candor, Puntalillo, Rompidillo-Chorrillo
- San Fernando: Camposoto-El Castillo
- San Roque: Alcaidesa-El Faro, Cala Sardina, Puerto Sotogrande, Torreguadiaro
- Vejer de la Frontera: El Palmar
(Los nombres de las playas son tal como aparecen en los «galardones» de «Banderas Azules»)
De nuevo debemos salir al paso de la publicación del informe de “Banderas Azules” de este año por no reunir los requisitos mínimos de rigor, solvencia e independencia. Se trata de galardones fraudulentos enfocados meramente a resaltar el reclamo turístico de las playas elegidas.
Esta concesión se creó en 1985 para certificar puertos deportivos en Francia y se amplió en 1987 a playas y puertos de toda Europa, con la subvención de la Comisión Europea. Adeac (Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor) es la asociación que gestiona las banderas en España, pero nadie fuera de nuestro país da un valor especial a estas banderas, porque no es un sello que un turista asocie a excelencia. Las «Banderas Azules» hace tiempo que no tienen ningún aval técnico, ni científico, ni administrativo de la UE; son promovidas por un conjunto de asociaciones privadas ligadas a las empresas turísticas, aunque cuenten con la complicidad de gobiernos autonómicos y locales. Las analíticas de la Consejería de Salud en las que se basan estos seudogalardones solo identifican microorganismos fecales y aspecto visual, sin caracterizar otras sustancias peligrosas como hidrocarburos y metales pesados. El impacto del Cambio Climático y su efecto erosivo en las playas es ignorado.
Se trata de “galardones” que carecen de cualquier credibilidad, se basan en meros aspectos turísticos, no realizan inspección rigurosa alguna y no evalúan con rigor el estado medioambiental de las playas.
Los premios de «Banderas Azules» solo indican la existencia de servicios para los bañistas, pero no reconocen una verdadera gestión ambiental y conservación de los estos frágiles sistemas costeros. Este tipo de premios no deben exhibirse como ecoetiquetas, sino como meros distintivos de calidad de servicios ofrecidos a los bañistas en playas artificiales y urbanas, que últimamente se extienden a puertos deportivos y embarcaciones turísticas.
Como ejemplo de incoherencia y falta de rigor en esta concesión, este año, al igual que en 2025, hay por lo menos diez playas gaditanas con «Banderas Azules» que no debieran exhibir este galardón:
- La Costilla, en Rota, sufre vertidos puntuales, y sobre todo en la playa de Rompidillo-Chorrillo. La playa del Puntalillo alberga chiringuitos playeros en el mismo cordón dunar, una playa que debe ser natural en vez de urbana.
- La Ballena, en Chipiona, por no respetar su cordón dunar, sometido a pisoteo, y por recibir del arroyo Chapitel aguas sucias.
- Fuentebravía, en El Puerto de Santa María, por haber construido edificaciones en la misma playa y tenerse que alimentar de arena de forma artificial. Esta playa estuvo cerrada hace seis años por contaminación de aguas fecales.
- Cortadura, en Cádiz (no sabemos por qué le acompaña el nombre de Poniente), por sufrir un Eurovelo desde El Chato hasta Torregorda que sepulta el sistema dunar, innecesario y con aterramientos constantes.
- Santa María del Mar, también en Cádiz, padece desde hace años el impacto de un emisario de aguas pluviales mal ejecutado y en permanente erosión; seguimos esperando que la Junta de Andalucía ejecute las obras necesarias para la reparación del colector.
- La Barrosa, en Chiclana, por el desparrame urbanístico que arrastra este municipio, con la saturación de una playa que ha sobrepasado su capacidad de carga, y chiringuitos en pleno sistema dunar.
- Sancti Petri, en Chiclana, que soporta todos los veranos con el Concert Music Festival una acumulación de coches, unida a la contaminación acústica y lumínica, insostenibles.
- Roche, en Conil, con una depuradora privada solo con tratamiento primario, sin licencia de vertido y con un emisario submarino sin la longitud preceptiva; una situación crónica, a la espera de que una nueva estación de bombeo conecte con la prevista nueva depuradora de Conil.
- El Palmar, en Vejer, atestado de urbanizaciones ilegales, 2.500 viviendas irregulares o ilegales y total ausencia de depuración de aguas de las viviendas ilegales.
- Zahara de los Atunes, entidad local autónoma de Barbate, con un proyecto urbanístico, Sierrezuela Playa, recalificando 262.463 m²(casi la misma extensión que el pueblo actual) en la parte derecha de la desembocadura del Río Cachón. Este proyecto pretende construir 107 viviendas o apartamentos turísticos de lujo en terrenos rústicos clasificados como suelo no urbanizable de carácter natural. Además, la Junta prohibió el baño en la playa en julio de 2024 por vertidos residuales de la depuradora de Atlanterra en 50 metros a cada lado del vertido.
- Getares, en Algeciras, porque sufre una crónica pérdida de arena, siendo realimentada artificialmente, además de sufrir vertidos cuando los bombeos no funcionan. Recurrentemente se ve inundada por mareas de algas invasoras que impiden el baño y el disfrute tranquilo en la arena.
- Las playas de San Roque, Alcaidesa-El Faro y Cala Sardina, con valores ecológicos notables, están siendo invadidas por aparcamientos y chiringuitos, desnaturalizándolas sin remedio.
Emplazamos a los municipios litorales a que no pierdan el tiempo (y el dinero) persiguiendo estos falsos «galardones» y se afanen en hacer frente a los dos máximos desafíos para nuestras playas: ofrecer soluciones a la subida del nivel del mar y demás consecuencias indeseables del Cambio Climático, y depurar íntegramente todas las aguas residuales que van a parar al mar.




