Venceréis pero no convenceréis
Me siguen emocionando estas palabras de Miguel de Unamuno. También estas otras de Miguel Hernández:
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.
El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.
Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.
Esto y muchos más es lo que tenemos nosotros. Ellos tienen esta fotografía tan asquerosa. Repele esa pose, esa chulería marcial, esa arrogancia de los asesinos. Ese saberse poseedores de las armas, esas armas que dispararán contra el pueblo, su enemigo. Todo lo demás es humo y apaciguamientos de la conciencia de esa mala gente que camina y va apestando la tierra.

