Hasta siempre

José Luis Glez. García
Carta de despedida a mis alumnos
José Luis Glez García.-Aunque este curso ha pasado en blanco por motivos de todos bien conocidos, quiero dirigirme desde esta tribuna a los alumnos del Colegio Virgen de la Caridad, curso 4º C, que con seis añitos os acogí con cariño y dedicación, aprendisteis  a leer y a escribir y con ello a  poder descubrir la inmensidad del saber en su amplia extensión de la palabra. Fueron tres años inolvidables, momentos apasionantes, ojos abiertos como platos  ante lo que poco a poco ibais descubriendo..Ya erais “niños mayores” y como tal había que trataros.
Ahora ya con diez años, me  consta seguís queriendo a quien fue su maestro durante tres bonitos y apasionantes cursos  y así me lo demostráis  diariamente, preguntando por mí. Yo que soy muy sentimental  y por ello se me saltan las lagrimas y me llena de alegría  y por qué no decirlo, de nostalgia el recordar los bonitos momentos que pasamos juntos. Mi lema siempre fue “para recibir cariño, previamente hay que darlo”.
Ha habido dificultades, ya lo decían nuestros abuelitos “el que algo quiere, algo le cuesta”. Pero a pesar de todo, salimos adelante. Siempre busqué en el aula un ambiente de relajación, de compañerismo, de alegría por levantarse y tener que ir al colegio y por supuesto de esfuerzo y superación..  Siempre quise que vierais al “maestro”, como un amigo, como algo íntimo y  familiar al que poder contar vuestros pequeños secretos e inquietudes. Y creo a ciencia cierta que lo logré. Un maestro no sólo debe transmitir conocimientos, mucho más importante es dar cariño y afecto.
 
Hace unos días me comentaba un alumno, que era fácil la tarea de maestro: “sólo tienes  que explicar lo que ya sabes”. ¡Ay si supierais!.
Siempre os diré que la mayor parte de lo que pude enseñar fue sorteando obstáculos con vosotros, con mis alumnos, aprendiendo diariamente y por supuesto creciendo como persona  y como profesional a vuestro lado.
 
Asimismo quiero agradecer a vuestros padres y madres el cariño y aprecio hacia mi persona que siempre han demostrado, especialmente en este último curso.
 
 Decía  muchas veces mi querido amigo Fray José de Sanlúcar que “hay que sembrar para recoger”. Vosotros,  padres y madres habéis sembrado en vuestros hijos la semilla del esfuerzo, de la voluntad para que sean hombres y mujeres de bien, con capacidad para discernir lo bueno de lo malo, de saber que con esfuerzo y dedicación se consigue todo. Yo simplemente he sido el jardinero que ha procurado regar diariamente esa semilla y que poco a poco llegara a germinar. Sin vosotros mi labor docente nunca hubiera sido la misma.
 
No sé que me deparará  el futuro tanto a nivel  personal como laboral, pero os aseguro que siempre estaréis en mi corazón y podréis contar conmigo allá donde nos encontremos. ¡Hasta siempre!
 

Comparte nuestro contenido