En el Candelero
Enrique Romero Vilaseco.-La ley de memoria democrática: el puente Segunda parte Primera parte
¿Merece Rafael Alberti que el actual puente León de Carranza sea rebautizado con su nombre? Para mí, un rotundo no. A continuación expongo los motivos.
- Lugar: Madrid. Palacio de los Marqueses de Heredia y Spínola, calle Marqués del Duero, número 7, sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, febrero de 1939, según el historiador Juan Eslava Galán.
- Suceso: Llega del frente de guerra Miguel Hernández y se encuentra en dicha sede un espectáculo que lo enojó sobremanera: «…en su máximo apogeo, una fiesta de disfraces (vistosos uniformes y ropajes antiguos rescatados de las buhardillas del palacio de los Marqueses de Heredia-Spínola)».
Rafael Alberti, su mujer y otros muchos se están pegando el festín padre a base de caviar y vodka, mientras los madrileños luchaban en las trincheras y, en la retaguardia, pasaban hambre y miseria. Menudo ejemplo de comunista y antifascista. La Segunda República estaba a punto de caer, mientras el autor de Marinero en tierra y su señora estaban de puro cachondeo y divertimiento.
Miguel Hernández, ese sí un poeta comunista y comprometido con el Frente Popular y la Segunda República, no como el señorito Alberti, preguntó:
—¿Y esto qué es? ¿Qué significa?
Alberti contestó que estaban celebrando el Día de la Mujer Antifascista, que no era otra que su propia esposa, María Teresa León.
Ante semejante respuesta, Miguel Hernández exclamó:
—Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta.
—Atrévete a repetirlo —le respondió Alberti.
Entonces Miguel se dirigió a la pizarra escolar que presidía aquel salón y escribió, con trazo grueso, las palabras que acababa de pronunciar. La ofendida María Teresa León le propinó tal bofetada que lo tiró al suelo.
Mes y medio más tarde, Alberti y María Teresa huyeron de Madrid sin reconciliarse con Miguel Hernández. Llegó la hora de salvarse quien pudiera. Con la desbandada de políticos e intelectuales, nadie se acordó del poeta de Orihuela; nadie le ofreció un asiento en algún coche para escapar y allí quedó, a merced de un pelotón de fusilamiento o de la cárcel.
Ese fue Rafael Alberti: un cobarde que nunca pisó el frente de guerra y que, cobijado en el susodicho palacio, vivía al margen de los pobres madrileños, que no tenían nada que llevarse a la boca y que llegaron a comer hasta gatos y ratas para sobrevivir.
A semejante personaje, la izquierda quiere ponerle su nombre al puente León de Carranza. - Pero hay más. Madrid. Prisión-checa de San Antón. Fecha: 28 de noviembre de 1936. Pedro Muñoz Seca, portuense al igual que Rafael Alberti, es sacado de la cárcel y conducido a Paracuellos del Jarama para ser fusilado por las milicias y arrojado, como un perro, a una gran fosa común.
Su pecado fue ser un escritor popular que jamás hizo daño a nadie. Lo mataron por ser monárquico, católico y anticomunista; esos fueron sus «delitos». Dejó viuda y nueve hijos.
La familia de Muñoz Seca acudió a pedir ayuda a su paisano Rafael Alberti, que presidía la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Alberti nada quiso saber del asunto, a pesar de que su hermano, Vicente Alberti, era gran amigo de José Muñoz Seca, hermano menor del dramaturgo y médico de profesión.
Vicente rogaba insistentemente a Rafael que intentara sacar de la cárcel a Pedro Muñoz Seca, pero este, inflexible y queriendo quedar bien con los comunistas soviéticos, no hizo absolutamente nada por salvar a su paisano portuense.
Alberti fue dando largas a su hermano hasta que, el 30 de noviembre de 1936, lo llamó y le dijo:
—Vicentito, deja ya de darme la lata con Perico Muñoz Seca. Lo fusilamos anteayer.
Ese es el personaje al que la izquierda más radical quiere poner su nombre al puente León de Carranza.
Pero aún hay más, como diría el clásico. - Lugar: Buenos Aires, 9 de marzo de 1953. Poema Redoble lento por la muerte de Stalin:
«Por encima del mar, sobre las cordilleras,
a través de los valles, los bosques y los ríos,
por sobre los oasis y arenales desérticos,
por sobre los callados horizontes sin límites
y las deshabitadas regiones de las nieves
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos anuncia:
José Stalin ha muerto.»
El poema es mucho más extenso, pero baste este botón de muestra de la loa que Rafael Alberti dedicó a uno de los mayores criminales de la historia.
Alfonso Ussía, nieto por parte de madre de don Pedro Muñoz Seca, escribió en un artículo publicado en El Debate, el 18 de diciembre de 2022, lo siguiente sobre Rafael Alberti:
«Alberti, durante la Guerra Civil, estaba en otras cosas, visitando checas y celebrando asesinatos».
Y más adelante añade:
«Él quería ser uno de sus primos, los Terry Merello. Quería ser señorito, no un miembro de la clase media».
En ese mismo artículo relata cómo Santiago Carrillo comunica a Alberti que Pedro Muñoz Seca ha sido fusilado. Alberti se dirige entonces a los asistentes a una de sus fiestas y, en voz alta, anuncia la muerte del autor de La venganza de don Mendo, entre el regocijo y la alegría de los allí reunidos y del propio Alberti, que no escatima improperios contra el dramaturgo portuense.
Otra de las sombras de Rafael Alberti fue la publicación de la revista El Mono Azul, donde mantenía una sección titulada «A paseo», en la que señalaba a intelectuales que, según él, debían ser «depurados», es decir, eliminados por su condición de contrarrevolucionarios.
Entre las personas señaladas figuraban Miguel de Unamuno, Pedro Muñoz Seca, Manuel García Morente, Fernando Vela e incluso antiguos amigos suyos, como Ernesto Giménez Caballero y Rafael Sánchez Mazas.
Pues bien, a un personaje de semejante trayectoria, glorificado por la Ley de Memoria Democrática, la extrema izquierda pretende homenajear dando su nombre al puente León de Carranza. Para eso están sirviendo las leyes impulsadas por José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.
Podría seguir aportando más argumentos, pero creo que los expuestos son suficientes.
En definitiva, Rafael Alberti no constituye un modelo digno de admiración ni merece tantos reconocimientos y homenajes. Es más, si existieran verdadera equidad y auténtico sentido de la justicia, debería ser objeto del mayor de los silencios y retirarle cualquier distinción, del mismo modo que la izquierda está haciendo con José María Pemán.
Puestos a comparar a uno y otro, considero que José María Pemán nunca llegó a comportarse de una manera tan impresentable y miserable como Rafael Alberti.




