EL DILEMA DE VÍCTOR

Fernando Cabral Hidalgo

Fernando Cabral.-El dilema en el que se encuentra Víctor Mora no se trata de una disyuntiva ideológica, ni mucho menos política. Esa hace tiempo que la tiene resuelta desde su pertinaz ombliguismo. Ahora le toca interpretar un remozado progresismo, presuntamente de izquierdas, que le lleva a exigir todo aquello que obvió durante sus largos años de alcalde: diálogo, acuerdos, participación, remunicipalizaciones a tutiplén, bajada de impuestos y un interminable catálogo de reivindicaciones que jamás estuvieron entre sus prioridades mientras gobernaba con mano férrea y escasa inclinación a escuchar a nadie que no formara parte de su reducido círculo de confianza.

No le importa no resultar creíble en su impostado victimismo ni en esa supuesta persecución política que dice sufrir él y los suyos —cada vez menos y más desmotivados—. Intenta aprovechar la reconocible deriva conservadora del actual gobierno municipal de IU, cómodo, dicho sea de paso, en demasiadas ocasiones con posiciones compartidas con la derecha local, para volver a colocarse una simbólica “chaqueta de pana” con la que aparentar una identidad política que hace años dejó abandonada en algún despacho institucional. El problema es que el espejo, aunque él no quiera verlo, le devuelve una imagen muy distinta de la que se esfuerza en proyectar.

Las circunstancias obligan, debe pensar después de precipitar una salida atropellada del gobierno municipal que terminó convirtiéndose en un monumental error estratégico. Lo que creyó que sería una maniobra para desgastar al actual ejecutivo y reposicionarse políticamente, acabó convirtiéndose en un tiro en el pie. Y ahora intenta transformar aquel fracaso en una oportunidad para aparentar lo que nunca fue, ni es, ni probablemente será: un dirigente reconocible de izquierdas con convicciones políticas sólidas más allá de la mera supervivencia orgánica y económica.

Ahora se enfrenta a un dilema mucho más incómodo y peligroso para sus intereses. Quizá el más importante de toda su carrera política. El calendario electoral avanza y el PSOE local necesita comenzar a definir liderazgos, candidaturas y equilibrios internos. Y ahí es donde aparece la gran pregunta: ¿debe volver a encabezar la candidatura municipal o resignarse a desempeñar un papel secundario para garantizar su supervivencia política?

Encabezar nuevamente la lista socialista en Sanlúcar supondría asumir un riesgo enorme. Su desgaste político es evidente. Los años de gobierno, las divisiones internas, la pérdida de credibilidad y la sensación de agotamiento de un modelo político muy personalista hacen pensar que repetir candidatura podría desembocar en un fracaso electoral de dimensiones difíciles de digerir para él, para su entorno y para un PSOE provincial que sigue necesitando recuperar espacios institucionales perdidos.

Porque aquí no solo está en juego Sanlúcar. También está en juego la Diputación. Y eso son palabras mayores dentro del engranaje socialista gaditano.

La otra opción sería convertirse en promotor de una nueva candidatura. Impulsar una cara distinta, aparentemente renovadora, que permita al PSOE local presentarse ante el electorado con una cierta sensación de cambio sin alterar realmente los equilibrios internos de poder. Esa operación tendría una ventaja evidente para Víctor Mora: facilitaría mantener su estatus y control que le permitiera seguir en la Diputación como diputado provincial, verdadero objetivo estratégico de toda esta maniobra. Para ello mira a la derecha de su asiento en el Pleno Municipal.

Sin embargo, incluso esa posibilidad se ha complicado enormemente por la reaparición sobrevenida de otro factor político inesperado: Irene García.

La que fuera su compañera de trayectoria política durante años, hasta que la ambición institucional de esta la llevó primero a la Diputación y posteriormente al Parlamento andaluz, ha quedado ahora fuera de juego tras las últimas elecciones autonómicas. Después de más de dos décadas enlazando cargos públicos, la exdirigente socialista necesita igualmente encontrar acomodo institucional. Y ahí es donde ambos itinerarios políticos vuelven a cruzarse inevitablemente.

Porque el problema es sencillo de entender: no hay espacio suficiente para todos.

Si Irene García necesita regresar a la Diputación y el PSOE provincial considera prioritario garantizarle un puesto institucional de relevancia, alguien tendrá que apartarse. Y ese alguien podría ser precisamente Víctor Mora. De ahí nace el verdadero dilema. No uno ideológico ni estratégico para la ciudad, sino un conflicto puramente de supervivencia política personal.

Ser promotor de una candidatura alternativa podría permitirle controlar su continuidad institucional. Ser segundón de una operación diseñada para facilitar el regreso de Irene García a la institución municipal y, por ende, a la provincial, implicaría aceptar una retirada política encubierta y la pérdida del espacio de poder que ha ocupado durante tantos años.

Y probablemente ahí resida la verdadera angustia política de Víctor Mora: descubrir que, después de tantos años controlando tiempos, estructuras y decisiones, quizá ya no sea él quien tenga la última palabra.

¿La tendrá Irene?

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