Una de manos blancas
Dos años no son suficientes para que un pueblo olvide la intolerancia, la injusticia y los abusos de quienes un día ostentaron el poder y se olvidaron de lo efímero que esta situación transitoria de gobernar puede llegar a ser
Juan Manuel Garrán.-Como si aquí nadie hubiese roto un plato, y la responsabilidad no fuera con ellos, los artífices y verdaderos responsables de la quiebra social y económica de la sociedad sanluqueña, reaparecen asomando tímidamente la punta de la nariz, olfateando como el que no quiere la cosa y atreviéndose sutilmente a dar lecciones de honestidad y gestión al mismo pueblo que ningunearon, engañaron, pisotearon y finalmente remataron hasta la más absoluta de sus miserias.
Gobernantes que no creyeron en las personas, sino en sus propios ombligos sedientos de caldos y manjares inmerecidos pero degustados a costa del populacho, a los que los ciudadanos dieron una respuesta ejemplar y contundente en mayo del 2007, persiguen ahora el perdón con “gracias”, “enhorabuenas”, y solicitudes de consejos de participación que fueron incapaces de crear para así evitar tener que oír la voz de un pueblo que les pedía clemencia hace apenas dos años y medio.
Los mismos, vuelven ahora a la carga pero sin argumentos, llenos de soberbia, ansia de poder y de revancha, armas éstas que los ciudadanos ya no comparten y que todo aquel que no sufra de amnesia o serios trastornos psicológicos no podrá olvidar con facilidad.
Las llagas son tan profundas que sobrepasan las capas superficiales de la piel de un pueblo que no sanará en años, y una vez más, los azotadores de la democracia en esta ciudad, pretenden volver a sus andadas, paseando impunes por las aceras de la política municipal, creyendo “pobre de ellos”, que simplemente disfrazándose de salvadores del reino, lograrán embaucar nuevamente a un pueblo al que ya lograron engañar más de una vez.
Triste pero real como la vida misma, insultante para la inteligencia de un ser humano, pero si cuela, genial para los pensadores de tal engendro.
Afortunadamente estas historias grotescas pero ciertas, no suelen acabar con final feliz para sus guionistas, la historia demuestra que los pueblos y las ciudades sobreviven y superan con sentido común, y gracias a su memoria histórica, episodios como los que en esta ciudad algunos pretenden volver a escribir.
Sanlúcar es una ciudad que ha sobrevivido al paso de muchas culturas y civilizaciones, una ciudad fuerte que sabe hacer frente a los invasores, desgraciadamente también acostumbrada a sufrir pero con una nueva generación de hombres y mujeres que están dispuestos a no permitir más el engaño y la burla a esta ciudad y sus habitantes.
