Un hombre con los pies en la tierra
Los dirigentes (y/o líderes) de nuestro panorama actual han provocado con sus actuaciones y comportamientos, no sólo nuestro descontento hacia ellos o sus siglas, si no que han hecho extensiva esa apatía a nuestro derecho/obligación a luchar por una sociedad en lo que lo importante sean las personas.
La oratoria de Diego es amena, cercana, lejos de tecnicismos y eufemismos que nos pudieran alejar de su historia, que a la postre, pudiera ser la historia de cualquiera de nosotros. Sus recuerdos, son los recuerdos de cualquiera que haya vivido esos difíciles años en esas difíciles circunstancias, y que son los valores y los ideales que le mueven, y sobre todo le dan la fuerza, para moverse y movernos, en la transformación de esta sociedad injusta, en una sociedad libre e igualitaria, porque sin igualdad, no hay libertad.
Habla de dignidad, y es eso lo que allí se respiraba. Su dignidad es su bien más preciado, como lo era para su madre, a la que evocó en varios momentos, que me emocionaron más si cabe, que no cabe, puesto que desde la primera a la última palabra tiene esa capacidad Diego. Hablando de su infancia, de sus primeras reivindicaciones, y sobre todo, dando ejemplos de lo injusto que está resultando todo, con un gobierno que inyecta dinero a los bancos, que se reparten en indecentes sueldos entre sus directivos y consejeros, mientras los desahucios se suceden día tras día, y los demandantes de empleo superan estadísticas insostenibles en todos los pueblos, hace que se despierte la consciencia, que se despierte la dignidad, que se despierte la rebeldía, y por encima, que se despierte esa parte que todos llevamos dentro de soñadores (luchadores) por un "mundo mejor", que sin duda, no sólo es posible, es que TIENE que serlo. Podemos "vender" nuestro tiempo, pero nunca nuestra dignidad, sin dignidad no hay capacidad de lucha por conservarla, y sin luchar, nos la arrebatan. Diego "se utiliza" de esa dignidad para emprender cuantas luchas considera justas, pero también, para alentar a todos los que a su lado lo hacen.
Ayer, hablaba el hombre, el joven, el niño, que con sus experiencias, sabe cual es su objetivo, luchar por su pueblo, pero con una cosa muy clara por encima del resto: CON su pueblo. Ayer, oyéndolo hablar en la presentación del libro "Un hombre con los pies en el suelo", además de constatar que es cierto que los tiene en el suelo, me quedaron tres cosas claras:
– NO todos son iguales.
– Él SÍ me representa.
– (Sólo luchando)… ES POSIBLE.
Aquí acabo, aunque podría extenderme folios y folios de lo que me nutrí del día de ayer, pero es que estoy inmersa en la lectura de un libro que se me antoja de lo más interesante, por el personaje y la persona, por la temática y por lo que sé me va a aportar, y no lo quiero postergar más rato: "Un hombre con los pies en el suelo", al lado de los nuestros.
Un beso!

