Suavemente me mata con su canción

Varios
 Es el título de una canción que popularizó  en los 70 Roberta Flack y cuyos sones asomaron a mi recuerdo tras leer la noticia de que la UE aconseja la implantación del copago sanitario en sus países miembros, ante los recortes tan brutales del gasto que dichos países están llevando a cabo, inducidos, precisamente, por las políticas de ajuste presupuestario salvaje fomentadas desde la propia UE
Luis Antonio Mariscal Rico.-Si alguna vez los países llamados “occidentales” disfrutamos del denominado “Estado del Bienestar”, en mayor o en menor medida, ese momento está tocando a su fin. Y lo está haciendo de forma planificada y programada, suave y continuada, y no azarosa como podría parecer por los sobresaltos diarios que esta crisis provoca en nuestra sociedad. Desde la quiebra de Lehman Brothers hasta hoy se ha venido produciendo un lento pero constante deterioro del concepto de “ciudadano”, en favor de ese otro más prosaico de “contribuyente”. Prueba de ello son las “reformas necesarias”, en lo económico y en lo social, que se han venido poniendo en práctica en diversos países de la UE. Estas reformas están suponiendo, de hecho, recortes en el bienestar alcanzado por los ciudadanos de dichos países.

Sin embargo, no se acometen los cambios necesarios que deberían permitir un mayor control y una mayor estabilidad de los llamados “mercados financieros”, verdaderos artífices de la debacle mundial en la que nos encontramos.
 
La asimetría en el reparto de cargas por la crisis está exasperando a muchos ciudadanos y contribuyendo a incrementar el desapego de la sociedad hacía sus políticos. Es más fácil retrasar la edad de jubilación que imponer una tasa por cada operación especulativa que se realiza en los mercados financieros; es más fácil bajar el sueldo de los funcionarios que consensuar un cambio en la Constitución para terminar con el derroche de una Administración trina (Estatal, Regional y Local), a todas luces redundante y corrupta; Es más fácil despojar al trabajador de sus derechos laborales, cada vez más menguados, que exigir a las grandes fortunas una contribución especial destinada a fines sociales; siempre ha sido más fácil, en definitiva, doblegar al débil que intentar molestar al poderoso.
 
Todo esto es el resultado, por otra parte, de una terrible impostura en la que los ciudadanos hemos caído colectivamente. Orson Welles adaptó para la radio la obra de H.G. Weells: “La Guerra de los Mundos”. Causó verdaderas escenas de pánico entre los ciudadanos de Nueva Jersey y de Nueva York cuando radió, con terrible realismo, la invasión marciana de los USA. El mismo efecto, pero a escala mundial, se produjo cuando nos enteramos que unas hipotecas basura del otro lado del Atlántico habían derribado los templos financieros del neoliberalismo por excelencia.
 
La paranoia se apoderó de nosotros y poco a poco fuimos aceptando que lo que ayer valíamos, nosotros y nuestras haciendas, hoy se devaluaba a extremos enloquecedores; y si nosotros mismos, inducidos por los medios de comunicación (como en el caso de la invasión marciana), nos lo creímos, las entidades financieras acabaron creyéndolo también y actuando en consecuencia para proteger sus intereses.
 
La espiral de desconfianza está haciendo el resto. Lo más penoso de toda esta historia es que sean partidos políticos que se dicen socialistas los que le hagan el juego a esta trama financiera internacional, tomando medidas y aprobando leyes claramente antisociales. Una de las consecuencias de esta crisis en España, en mi opinión, será el aumento de la desconfianza en los políticos. En concreto, y espero equivocarme, supondrá el fin del ciclo "Zapatero" y el hundimiento del Psoe a niveles no deseados por los que pensamos que la socialdemocracia, como su propio nombre indica, sigue siendo la opción más social para una democracia. La especulación financiera está matando suavemente nuestra civilización, mientras Roberta Flack nos canta una canción.

Comparte nuestro contenido