I have a dream
{jcomments off}“Un sueño ciudadano”
Seguro que Martin Luther King nunca pensó cuando dijo aquello de “I have a dream” en agosto de 1963 que sus palabras podrían convertirse en todo un himno para millones de personas que, casi 50 años después, siguen viviendo en desigualdad y sometidos a gobiernos y gobernantes que ignoran los valores que el ser humano debe asumir como tal.
Hoy, medio siglo después de la Marcha sobre Washington, siguen existiendo súbditos en vez de ciudadanos libres, personas con derechos vulnerados y que exigen igualdad porque sufren las imposiciones de los sistemas económicos y financieros de los que ordenan y mandan en este mundo globalizado.
Que la riqueza esté en mano de un porcentaje mínimo y ridículo de la población mundial y que existan poderes políticos y financieros para acabar con las desigualdades y no se haga, es fruto de la inmensa avaricia y corrupción del poder de unos pocos por dominar y sacrificar a toda la sociedad.
Cuando me preguntan porque sigo creyendo en un sistema democrático como fórmula para articular las herramientas necesarias que garanticen derechos fundamentales, siempre respondo lo mismo, “cualquier sistema sería bueno si quienes tienen la responsabilidad de administrar justicia y bienestar fueran representados de quienes conforman esa misma sociedad”.
No es posible aplicar una justicia interesada o un sistema económico y financiero justo y distributivo de la riqueza si quienes lo dirigen solo persiguen el fin de su enriquecimiento y acumulación de poder.
Son muchos lo motivos que me llevan a defender que democratizar la justicia en este país pasa por ser capaces de aceptarla como tal, es decir, justicia y no solo legalidad. Justicia administrada por hombres y mujeres que no obedezcan ni deban rendir pleitesía a un poder político establecido que lo designan.
Justicia cuando un ciudadano vea vulnerados sus derechos sin tener en cuenta el nombre de los acusados por los hechos a la hora de dictar una sentencia o mucho peor, de hacerla cumplir con “condiciones ventajosas”.
Para ello es necesario democratizar el sistema de partidos políticos y que los representantes de los ciudadanos se sometan al principio de mérito ante quienes los eligen y que además puedan éstos decidir quien les representará en vez del actual sistema que se ejerce en mi país, que no es otro que el de la imposición de candidatos, o lo que es igual, la obediencia de por vida a quienes les nombran.
Yo también tengo un sueño, quizás la casualidad, en la que no creo mucho, hizo que naciera cuando Luther King pronunció aquellas palabras, en 1963. Digo yo que algo de lo que dijo este defensor de la igualdad y el derecho a decidir del ser humano sobre su destino quedó impregnado en el aire y se agarró a alguna borrasca que atravesó el Atlántico y llegó a estas latitudes para contagiarnos ese terrible virus de la dignidad y el coraje para no rendirnos jamás.
Ahora en este país hay en marcha un sueño, un sueño nacido de la sociedad civil y que avanza con el objetivo firme de alcanzar metas que hace muchos años deberían haber quedado atrás.
Un sueño ciudadano donde el ser humano una vez más pondrá a prueba los valores de una sociedad que deben triunfar sobre los “villanos que han metido las manos en nuestras libertades y derechos durante milenios” y que solo la unión y la suma de voluntades logrará imponer, hablo de la solidaridad, la igualdad y la honestidad como principios rectores de la conducta humana.
Autor: Juan Marin Lozano (presidente de Ciudadanos de Cádiz)
Nota aclaratoria de SD
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