Cartas de una sombra
¿Nos ocultan nuestro legado? José Antonio Córdoba.-La presencia templaria en nuestra localidad queda reflejada cuando precisamos saber algo más de la Orden de los Jerónimos, de su presencia en esta desembocadura del Guadalquivir.
Tenemos constancia de la presencia de la Orden del Temple en la conquista castellana de estas tierras del occidente andaluz. Podemos decir que el establecerse la Orden en esta zona pudo estar en torno al 1262, fecha por la que fuera tomada Cádiz por Alfonso X. Treinta y siete años después cuando Guzmán el Bueno recibe la villa, se encuentra con la orden asentada en su propiedad.
Como Sanlúcar lo fue durante muchos siglos, el asentamiento templario en nuestra villa era la avanzadilla de la encomienda de Sevilla en el río. Pero me aventuro a decir, siguiendo el patrón lógico que movía los intereses de la Orden, que la ermita templaria dominaba la ruta que saliendo desde esta villa cruza lo que hoy es el coto, buscando enlazar con la villa de Niebla, al ser esta, ruta de importante tránsito para las conquistas de las tierras a éste lado de occidente.
El emplazamiento de la villa de Sanlúcar, en sus diversas etapas históricas nos deja claro de su importancia desde el delta del Lago Ligustinos a la actual desembocadura del río Guadalquivir. Sanlúcar ha sido un emplazamiento deseado por todos cuantos han navegado por estas aguas, ha sido novia convertida en amante de alcoba de esos altaneros señores que la han pretendido y a la vez perdido. Sanlúcar ha sido amante fiel, pero de una sola noche, al alba contemplaba atónita como se marchaba su amado, para por la noche recibir el cortejo de otro galán arrojadizo y enamorado de la porte de nuestra villa.
Con el paso de los siglos, los de Guzmán la han amado sin condición, han luchado por restituir el decoro de nuestra afligida villa, y por Dios, que lo han hecho. Pero hemos sido sus hijos, los propios, los adoptados o los recogidos temporalmente los que la hemos dado al desprestigio, quiera pensar que quizás sea un mal involuntario que llevamos en nuestra sangre, recuerdo de aquellos amores infieles de antaño.
Pero hoy, que vemos a nuestra madre anciana, cansada y desvalida, hoy nos toca a nosotros olvidar su vida altanera, perdonarla por haber sido tan bella y tan amada. Miremos a esta anciana villa, con los ojos de ese recién nacido que contempla por vez primera a su madre.
Seamos hijos de una buena madre, seamos dignos de llamarnos hijos de Sanlúcar, no solo por vivir en ella, sino por que la amamos de verdad. Sintámonos orgullosos de tener una madre como Sanlúcar.
Permitámonos el lujo de presentarla a los demás como la reina de nuestros corazones, como la razón de nuestro Ser. Presumamos de Sanlúcar.
