Más de lo mismo
Víctor Mora llama sensibilidad a no agotar año tras año las partidas presupuestarias destinadas a servicios sociales, a derivar a la beneficencia a las familias y personas en riesgo de exclusión social, a, sin inmutarse, permitir que corten el agua y la luz a familias sin recursos, a subir todos los impuestos municipales hasta su máximo legal, salvo el que afecta a las grandes empresas, a utilizar el drama personal y social del desempleo para llevar a cabo un repugnante clientelismo político y a obligar que las víctimas de género se tengan que desplazar a Chipiona para recibir asesoramiento jurídico, porque en nuestra ciudad este servicio lleva meses sin prestarse.
Después del escándalo de la Escuela de Verano, concedida ilegalmente a una empresa propiedad del que fuera su asesor económico, que tuvo que dimitir por ello y que actualmente como premio se le contrata como asesor de la presidenta de la Diputación, Irene García, este verano le ha cambiado de nombre llamándola Campus Socioeducativo ‘Aprendiendo’, pero gestionada directamente por el Ayuntamiento. Cabe preguntarse, si ahora se puede hacer con medios municipales por qué en años anteriores se contrataba a empresas para su gestión. La respuesta debe estar en el viento.
Víctor Mora llama cercanía a impedir que los ciudadanos asistan a los plenos municipales y cobrarles dos euros por intervenir en el mismo, a negarse a poner en marcha los canales de participación ciudadana y a impedir a los grupos de la oposición, con medios pocos recomendables, que puedan fiscalizar su gestión municipal.
El hermanamiento y el supuesto apoyo institucional de Sevilla respecto a la Conmemoración del V Centenario de la lª Vuelta al Mundo tiene como precio un dragado del río Guadalquivir en profundidad para satisfacer las necesidades del puerto sevillano, que quieren justificar ahora mediante unas necesidades de relleno de arena en la playa de Bajo de Guía.
Víctor Mora lo único que ha cumplido en estos 100 días es trabajar 24 horas, pero no en defensa del interés general de la ciudad, sino 24 horas de trabajo sin descanso en defensa de su propio interés personal y, si sobra algo, para el de los suyos.
Han pasado 100 días después de 8 años donde ha habido más de lo mismo o, mejor dicho, menos de lo mismo.

