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Apuntes de Historia CCCXXXI
 
 
 
 
 
 
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29 de Noviembre de 2020
Nuevas notas sobre la I Vuelta al Mundo (III)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Como decíamos en las líneas del artículo precedente, conocemos mucho de nuestro pasado, pero nos falta mucho, muchísimo más por saber aún, siendo innegable que hay conocimientos de la antigüedad, de las épocas precedentes en general, que hemos perdido. 
Otro asunto incuestionable a tener en cuenta es que en buena medida desconocemos el estado y nivel de los conocimientos de quienes nos precedieron en no pocas disciplinas, materias y cuestiones en diferentes momentos de la Historia: en otras palabras, hay cosas (dicho pronto y mal) que se conocían en el pasado y que ahora ignoramos que se conociesen, porque la historia del conocimiento no es lineal ni unidireccional.
 
En este mismo sentido muy posiblemente además jamás llegaremos a saber qué nivel había alcanzado realmente la Geografía -el conocimiento en esta disciplina- en el siglo XV: no conocemos cuanto sabían los expertos de aquella época, y es de tener en cuenta que muchas de las cosas que se conocían quedan, acaso para siempre, envueltas por la niebla del olvido. 
De este modo, insistimos, no estamos en condiciones de afirmar veraz y completamente que sabemos cuán elevado y rico era el conocimiento real de los geógrafos, cartógrafos y navegantes europeos de los siglos XV y XVI, justamente el contexto cronológico y cultural que alumbraría y sostendría la Expedición de la Primera Circunnavegación.   
 
Así, ¿de dónde salió el conocimiento empírico que se refleja en los mapas de Piri Reis, en la cartografía de Lopo Homem, en el Globo Terráqueo de Martín de Bohemia, primero de su género? De otra parte, ¿el almirante Cristóbal Colón, cuantos secretos guardaba? ¿Cuánto sabía el propio Hernando de Magallanes, cuánto conocimiento atesoraba su socio el geógrafo, también portugués como Magallanes, Rui Faleiro?
 
Sí sabemos en términos absolutos que el gran Viaje de la I Vuelta al Mundo es determinante para la Historia de la Humanidad porque vino a suponer de manera definitiva la demostración empírica, práctica, de que la Tierra era -es- esférica, al tiempo que con dicha Expedición (como señalábamos) no pocas de las “geografías míticas” de la Tierra se convertirían en geografías “cartográficas”, científicas, reales, precisamente a causa de la Primera Circunnavegación, de ese Viaje que incluyó en un contexto lógico y racional a un Mundo hasta esos entonces aún muy envuelto en los perfiles de lo mítico.
 
Un mundo envuelto en lo mítico, jalonado de no pocas supersticiones, de miedos, de verdaderos terrores, que mantendría a estos hombres, los marinos de Magallanes y Elcano, imbuidos de un fuerte peso en sus mentes, en sus conciencias, del imaginario medieval y, como señalamos, no se trataba tan sólo de “supersticiones” (consideradas de una forma simple), sino de los horizontes mítico-religiosos imperantes en el momento…
El miedo a lo desconocido y la fe en lo extraordinario hacían a estos hombres muy religiosos y al mismo tiempo muy supersticiosos: la superstición es una manifestación de los horizontes mítico-religiosos, y no está tan lejos de lo religioso en tanto en cuanto forman parte de los horizontes globales del mito, del pensamiento mítico-religioso. 
 
En este sentido, y como hemos adelantado, las geografías míticas se convierten en geografías científicas (y por añadidura reales) gracias a las exploraciones y los descubrimientos: de ese mismo modo, en la Antigüedad, las “Casitérides” o “Islas del Estaño” se convirtieron en tierras reales como las islas Británicas o Galicia de manos de la extensión de la Romanidad, pues Roma es la gran “organizadora” de los espacios en el ámbito de la Europa antigua.
Así, determinadas islas y otros territorios del Norte del Atlántico o de otros océanos que existían en la cabeza de los marineros de los siglos XV y XVI, como Antilia, la Isla de las Siete Ciudades, la Isla fantasma de San Barandán, la tierra de las Amazonas, unas tierras  repletas de tesoros y maravillas, unos espacios míticos que terminarían por verse sustituidos por islas y continentes reales, mesurables, cartografiables…, por un espacio enorme pero finito y abarcable, el de la circunferencia del globo terráqueo.
 
Es de considerar que sería una verdadera miríada la de los miedos o creencias de los marineros portugueses cuando avanzaban hacia el Sur del Atlántico bordeando la costa africana, como los mares infranqueables, las lagunas innavegables, los ríos de fuego o los monstruos que citaban los geógrafos precedentes, ya fueran los clásicos latinos ya fueran los árabes. 
 
Los bestiarios de la época (del medioevo europeo) venían a reflejar hasta cierto punto y en buena medida dicha realidad -a la que venimos haciendo referencia ahora- del pensamiento mítico-religioso, plasmada en el plano y el terreno de lo natural, presentando la creencia en seres (sin duda fantásticos) de cuya realidad nadie sabía nada pero en cuya existencia se creía, o que al menos formaban parte del imaginario colectivo de la época, lo cual los convertía en reales en la mente (en la imaginación, pero también en las mentes) de tantas personas que amanecían cada mañana y dormían cada noche…, esto es, del común de los mortales de la Europa de la Edad Media. 
 
Eso contribuye a dar una explicación a la presencia en mapas de los siglos XV y XVI de tritones, monstruos, medusas, y otros seres mitológicos, mostrando desde lo evocativo a lo decorativo una casuística, una tipología de seres dotada de un espectro muy amplio. 
Dichos seres míticos así representados en los mapas de la época podrían tener un carácter disuasorio -de advertencia- sin exclusión de un carácter en buena medida ornamental en dichos productos cartográficos, y todo ello a la vez, pues no se trata de cuestiones excluyentes; la geografía mítica, además, se “decora” con una iconografía mítica (y a ello no son ajenos los bestiarios); en los mapas de África, por ejemplo, la leyenda “Hic sunt Leones” (“Aquí hay leones”, literalmente: en un sentido metafórico viene a señalar que se trata de tierras salvajes, ignotas…), todo un clásico empleado para decorar (sí, pues también es de considerar el papel decorativo de los símbolos) el espacio de las tierras ignotas, es un botón de muestra de ello.
 
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