Celebración del Día del Árbol en el pinar de La Dinamita

Ecología

El Día Mundial del Árbol se instauró como una iniciativa del Congreso Forestal Mundial que se celebró en Roma en el año 1969. Poco tiempo después, la propuesta surgida de este congreso fue aceptada en el año 1971 por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que estableció el día 21 de marzo como la fecha más idónea para llevar a cabo esta celebración por coincidir con la entrada de la primavera en el hemisferio norte y del otoño en el hemisferio sur, aunque muchos países eligieron el día que consideraron más adecuado a su historia o a sus condiciones naturales y climáticas.

En España, el Día Mundial del Árbol se conmemora oficialmente desde el año 1972, aunque ya en el siglo XIX encontramos testimonios que ponen de manifiesto la existencia de una conciencia muy clara sobre la importancia del árbol en la vida del ser humano y de las ciudades. A finales de ese siglo encontramos celebraciones de una fiesta del árbol, tanto en Madrid, como en Barcelona. En ellas, además de los vecinos, participaban también los maestros con sus alumnos, como protagonistas de actividades (concursos, pruebas deportivas, conciertos, actos culturales y, sobre todo, plantaciones de árboles) que se llevaban a cabo para festejar un día de tanta relevancia. Pero la noticia más antigua que tenemos en nuestro país sobre una ceremonia semejante fue publicada el año 1805 por el Real Jardín Botánico de Madrid en el “Semanario de Agricultura y Artes…” y hace referencia a una plantación de árboles con carácter festivo llevada a cabo por los habitantes de un pequeño pueblo de la provincia de Cáceres, Villanueva de la Sierra, promovida por el párroco del lugar. Posteriormente, los Ministerios de Gobernación y de Fomento implantaron, a partir de 1915, la Fiesta del Árbol de manera obligatoria en todo el territorio.

Pero qué celebramos, por qué es importante esta efeméride en nuestro calendario. El hecho, el acontecimiento, que rememoramos el 21 de marzo es la presencia del árbol y su importancia en la vida del planeta y, por inclusión, en nuestras vidas. Es básico, esencial, necesario, que al menos cada primavera hagamos visible y celebremos la existencia de estos seres extraordinarios con los que tenemos una deuda impagable. Su vida hace posible la vida que conocemos. Ellos, en compañía de las otras especies vegetales y de aquellos organismos que también realizan la fotosíntesis, fabrican para el resto de los seres que pueblan esta tierra todo el oxígeno que necesitan para seguir vivos sobre ella. Pero, además, en el momento de crisis climática en el que nos hallamos inmersos, son la solución más efectiva y, probablemente menos costosa, para contrarrestar sus efectos perversos. Por ello es importante que cíclicamente, todos los años, recordemos, nos recordemos a nosotros mismos, que de su preservación depende nuestra existencia.

Están ahí, quietos, profundamente arraigados al suelo, ofreciendo en silencio innumerables e inteligentes soluciones adaptativas a los cambios, sin posibilidad de huir, resilientes, aparentemente impasibles ante cualquier agresión, realizando sin excepciones las funciones que la vida les ha asignado. Así llevan cientos de millones de años, sobreviviendo a los desastres naturales y permitiendo que la vida que parecía extinguida respire de nuevo y surja y camine y se levante y se extienda por todos los rincones de esta hermosa, vulnerable y frágil esfera llamada Tierra, de esta “rara avis” que sobrevuela ese espacio oscuro y frío en apariencia sin vida en muchos millones de años luz a la redonda. Ahí están y es preciso que tomemos consciencia del valor añadido que aportan a este planeta, que dejemos de considerarlos como una prolongación de nuestro cuerpo al servicio de nuestros deseos y ambiciones, que cambiemos el punto de vista, la perspectiva, el paradigma, y comencemos a comprender su estatus al margen de nuestra conveniencia inmediata y lo hagamos en la dirección correcta, la del cuidado y preservación de la vida, como hacen ellos.

Es por ello que, conmemorando esta efeméride en Sanlúcar, Ecologistas en Acción solicita que los pinares de Bonanza sean declarados Parque Periurbano. Los pinares de Bonanza (pinar de La Dinamita y pinar del Faro) tienen una superficie de 27 hectáreas (270.000 m²). Es un bosque de gran valor ambiental por su extraordinaria biodiversidad que está amenazado por su pequeño tamaño y la presión humana a la que está sometido.

Es necesaria una figura de protección ambiental. En 2017 el Pleno municipal aprobó la declaración de parque periurbano para el pinar de la Dinamita. Esta sería una medida apropiada que Ecologistas en Acción viene solicitando desde hace muchos años y es acorde con lo que establece el actual PGOU calificando a los pinares de Bonanza como “Sistema General de Espacios Libres. Parque Suburbano”.

Para reivindicar la protección efectiva de los pinares de Bonanza, el sábado 22 de marzo a las 11 horas convocamos una CONCENTRACIÓN CIUDADANA en el pinar de La Dinamita y realizaremos actividades de educación ambiental y mejora ambiental: paseos guiados para conocer la flora y fauna; colocación de cajas nido…

Ubicación del punto de reunión.https://maps.app.goo.gl/HYzoouWjj8EuaiTPA

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