Volviendo a la isla

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¡AY DE LO QUE HAY! 

/Gallardoski.-Hay quien para solidarizarse con alguien que lo anda pasando mal encarga un informe a los servicios secretos del bloque, barriada o pedanía. Investiga los orígenes del desgraciado, los posibles vicios que le condujeron al desastre y si la ruina en la que vive es cosa de la mala suerte o de la mala cabeza y de las  oportunidades perdidas. 

Este escrutinio tiene como objeto tranquilar  la propia conciencia, poder decir no doy porque no lo merecen.  Este escrutinio no es más que una coartada para la cicatería y el desprecio y lo saben, y si no, aquí está uno; para recordárselo. 

No des, no te solidarices, no empatices pero, haz el favor de no darme la murga con tus peregrinas teorías sobre el esfuerzo personal, la constancia y toda esa mierda.

Tuviste suerte, olvidas eso. Todo es una telaraña confusa de azares y no estuviste en la esquina el día que llegó el camello con la mercancía, o tu padre fue un buen hombre. O tu novia una gran mujer. Tuviste suerte. Tuviste apellidos ilustres, “meritocrático” farsante.

El esfuerzo vale, la constancia ¡bravo! Pero;  ay  de ti, si te clava la mala suerte la mirada en la nuca. Ay si declaran la guerra en tu tribu. ¡Ay si declaran prohibida tu piel salvo para la esclavitud y el abuso. Ay,  si se cae el sistema financiero y tú eres la hormiga obrera que nadie echará de menos cuando llegue el tiempo de los pisotones y del exterminio de los estorbos.  

Tuviste suerte y por eso te gusta, te pone cachondo/a,  la anécdota servida en los telediarios de la noche como categoría casi fundacional. Mira, cariño, mira; lo que yo te decía; 

“Un mendigo atesora en su colchón de intemperie una gran fortuna oculta”

“Oh, los niños delinquiendo  por los barrios en cuanto llegan a nuestro gran país”

 Hay quien tiene clarísimo que los que llegan en la patera fantaseaban en sus aldeas con dedicarse al delito y a la ratería por los callejones sin salida de las grandes ciudades. Una vocación extrañísima, pero  que pregonan y se creen ellos mismos. 

Hay quien somete a una auditoría moral su triste limosna. 

Hay quien revisa a su favor las bellaquerías de la historia y- sin complejos- erigen estatuas y loan a decrépitos dictadores con Parkinson que anduvieron rubricando sentencias de muerte firmes y sin otro temblor en la mano que el de la enfermedad. 

Hay quien al que aterra, somete y finalmente mata a su pareja le pide el certificado de nacimiento, una exposición de motivos y la ristra de atenuantes por negar la motivación de género que pretende, otra vez,  anecdótica y casual. 

Hay quien vocea la libertad sagrada del individuo mientras prohíbe, entorpece o sanciona con códigos penales ad hoc al que quiere contraer matrimonio con la persona a la que ama si no se atiene ese deseo a sus presupuestos fálico/ vaginales. 

Hay quien frente a la rendición del asesino etarra y la esperanza de paz de los pueblos que vivieron  acobardados por las pistolas y por las consignas que señalaban al diferente, al no nacionalista, al no fanatizado,  no conciben construcción, reparación y reconocimiento histórico, sino venganza, tensión y partidista provecho.

Hay quien hoza en el lodazal de la mentira y señala y acusa y distribuye la injuria por el mundo de los – así llamados- medios de comunicación bajo la consigna vil del “Difama, que algo queda”

 Hay quien cuando sube a las tribunas y se pone grave y solemne da miedo y cuando se acoda en la barra de un bar y se pone pedestre, tajante y justiciero de taberna da asco. 

Y hay quien les vota.

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