Sexo vivo (6)
Fetiche
Jota Siroco.-Era su última guardia cuando fue detenido.
Se había recortado el pubis en forma de luna, porque él la llamaba “luna”. Eran sus ojos grises como el Cantábrico y sus cabellos negros como todas las noches. Por eso la llamaba “luna”.
Recortó así su vello porque quería hacerle ese regalo, porque era el final y porque necesitaba que alguien inventara otro universo para ella.
Se había recortado el pubis en forma de luna, porque él la llamaba “luna”. Eran sus ojos grises como el Cantábrico y sus cabellos negros como todas las noches. Por eso la llamaba “luna”.
Recortó así su vello porque quería hacerle ese regalo, porque era el final y porque necesitaba que alguien inventara otro universo para ella.
El no entendió su marcha. Sólo recuerda la última vez que se tendió sobre la imagen nocturna de su pubis. Nunca más pudo amar a nadie que no adornara su sexo con la figura arqueada de una luna. Nunca más pudo amar a nadie.
Le llamaron. Su última guardia. Después la jubilación y el olvido.
Sobre su mesa de forense el cuerpo sin vida de una mujer mayor. Descorrió en un gesto repetido la sábana que lo cubría. Lloró. Una luna, ya, blanca adornaba su vientre.
La amó.
