Romería del Rocío
Eduardo Domínguez-Lobato Rubio .- Visten traje campero, sombrero calañés y botas enterizas de Valverde y aquí vienen, a fecha fija, desde sus tierras a la nuestra con sus sencillos mensajes de flauta y tamboril, de puerta en puerta, de plaza en plaza, avivando los recuerdos, encendiendo las memorias, pegando aldabonazos de música vegetal en estos corazones entumecidos de hoy en día. Romería en camino, con acopio de bártulos y avíos, tomando el sendero de las arenas.
Pregón anual rítmico e inequívoco de la fiesta en la aldea, feliz convocatoria desde la paz almonteña, llamada telúrica con flauta que en algo se asemeja al susurro de los cañaverales y a la voz de los pinos. Tamboril que traduce el ritmo eterno de la naturaleza naciente.
Pito rocío, en estas mañanas de pito y tamboril, cuando te despiertan al alba o te sorprenden en cualquier carriola bajo estas primeras luces de junio. Siempre llega, como llegó ahora multiplicado, desbordante, con ese arte redondo de padres a hijos, sabiduría heredada, culto sagrado, reverencia entre cantares y palmas por sevillanas.
Y corren ahora los relojes trastocados de estos tiempos modernos, entre la pobreza digna, los sudores alegres y los recursos elementales. Orilla de Bajo de Guía, anticipo de travesía por este Guadalquivir.
Además, la playa era estos días un hervidero de coplas, bailes y ritmos rezadores porque oración y copla vienen a ser casi lo mismo y, caminito del Rocío, siempre van cogidas de la mano.
Levanta tu copa junto a la mía, viejo amigo rociero, romero tú desde chico por estos caminos del Coto. Bebamos la alegre manzanilla, entre trochas y recodos marismeños, desde La Raya hasta el Cerro del Trigo, desde el Palacio hasta que se canse el caballo.
Y él sonríe y mueve la cabeza vencido por la nostalgia, que hoy no es ayer, pero sigue existiendo el milagro, amarrado de por vida a las pezuñas de estos caballos, el milagro de la Blanca Paloma, tirando cada año de una lágrima tuya y otra mía.{jcomments off}

