Por favor, explicádmelo que no lo entiendo Parte VI

Relatos cortos
Por favor, explicádmelo que no lo entiendo…(Y otras historias sin sentido.)
                                         Autora:
Marta A Dunphy-Moriel                       English

Capítulo 3: Despertares.
Séptima sesión.-Tenía frío y me dolía muchísimo la cabeza. No podía abrir los ojos, la luz que entraba con fuerza por la ventana me estaba matando. Me di la vuelta en la cama, ignorando la voz de mi cabeza que juraba y perjuraba que no bebería ni fumaría más en mi vida. Bueno, siempre dice lo mismo. Siempre que salgo de fiesta, claro está. Debo admitir que la fiesta fue increíble, cantamos, bailamos, brindamos con champán y bebimos… si bebimos mucho… demasiado.


Todo iba genial, disfrute con mis amigos como no había hecho en años. Pero fue entonces cuando le vi. Allí estaba de pie junto a la barra, tan serio como siempre, tan chulo… sé que me vio entrar, por eso se acercó más a ella. Furcia. Siempre supe que mentía cuando decía que respetaba mi decisión… tardó menos de treinta segundos en irse con la primera que le dijese que sí. Y ella, ¿Cómo podía haberme hecho esto?
“Necesito otra copa.”-Murmuré intentando contener mi rabia.
“¿No crees que has bebido suficiente?”- Chema me miraba con ojos de borracho pero con toda la preocupación que su mente confusa le permitía.
“No.”-Llamé al camarero- “Un vodka y que sea doble.”
Les miraba por el rabillo del ojo. Era una estúpida o, al menos, así me sentía. Mis convicciones me habían hecho perder al único hombre del que había estado perdidamente enamorada. Me había convencido que la decisión de acabar la relación era lo mejor, que él no era el hombre para mí porque a la larga no saldría bien, que mis convicciones estaban por encima de todo y que alguien que no lo entendiese no merecía la pena. Pero sabía que me estaba mintiendo a mi misma y verlo ahí me estaba hirviendo la sangre.
“Otro.”-Murmuré, vaciando de un trago el vaso que me acaba de poner el camarero.
La vista la tenía turbia y sólo mi rabia me dominaba. En la esquina del bar vi a un joven con un gorro con un look enigmático.
“Hola guapetón.”-Me acerqué a él tambaleándome en mis enormes tacones de aguja. Esa noche iba ideal con mi vestido nuevo y lo sabía.
“Hola guapa.”- Sonrío con voz de borracho, obviamente llevaba tanto tiempo como yo de fiesta.
Miré de reojo a la barra. Sí, me estaba mirando. Bien.
Y eso es lo último que recordaba recostada en la cama. La venganza perfecta, sé que él me vio y que no le sentó nada bien. Como me reía por dentro, hasta la cabeza me dolía menos de pensarlo.
Si, la venganza es un plato que se saborea mejor cuando se sirve frío.
No podía esperar a llamar a las chicas para contárselo. ¿Qué hora sería? Busqué a tientas mi móvil. Qué raro, no reconocía las cosas que había en la mesilla. Un momento, esa no era mi mesilla… Oh… Dios…Mío.
Tardé unos segundos en atreverme a abrir los ojos. Del susto, no pude ni gritar. A mi lado estaba roncando un bulto de pelo al que mi mente podía etiquetar como un tal Gerardo.
No supe cómo reaccionar. En estado de shock, me levanté sigilosamente observando el desastroso piso en el que me encontraba. Dios, no podía ni pensar. Cogí todas mis cosas y salí corriendo de allí. Mentiría si le dijese que era consciente había pasado. Bajé las escaleras del viejo edificio corriendo y fui buscando mi coche. Ni si quiera me fijé de donde había salido.
Bajé la ventanilla y me encendí un cigarrillo. Sé que es ilegal y sé que no es una buena idea fumar mientras conduces pero teniendo en cuenta que había tirado todos mis principios por la borda por culpa de los celos y el alcohol… creo que estaba justificada. No sé porque empecé a dar vueltas por la zona de donde había salido. Por algún motivo intentaba buscar el lugar de los hechos pero como era de esperar no lo encontré. Me entró un ataque de risa histérico. Vaya imbécil que había sido. Todo de lo que había criticado, de todo lo que hacía renegado durante años, aquello que me había costado el amor de mi vida, lo había tirado todo por la ventana. Irónico y triste. Sin duda era una mala pasada del destino, en el fondo era peor que todas las demás. Incluso peor que… ella.
De pronto dejé de reír y empecé a llorar como una histérica. ¿Qué había hecho? Esto no debía saberlo nadie, nunca. Nunca.
Y ha sido, doctor, han pasado todos estos años y nadie lo ha sabido nunca, ni si quiera mi marido. Es usted el primero. No sé porque se lo he contado… tal vez porque es un secreto que lleva corrompiéndome durante años y necesitaba salir o simplemente es parte de su terapia y ha conseguido sonsacarme mis más terribles secretos.
En fin, esa es mi marca silenciosa, una cadena con la que he cargado siempre pero que llevo toda una vida intentando compensar. No lo he hecho mal, créame y usted lo sabe. He amado y me han amado, he tenido una familia preciosa y una historia singular. Al menos así ha sido. La marca que nadie más que yo conoce no me ha cambiado, ¿O sí? A veces, incluso a estas alturas de mi vida sigue atormentándome en mis pesadillas y la culpa no me abandona…el terrible secreto de mi primera vez. A veces simplemente me doy pena, otras asco, aunque con los años he aprendido que fue una idiotez de la juventud aunque mentiría si dijese que no lo cambiaría si pudiese.
En fin, le dejo doctor, que la sesión ha acabado. Ya sabe el peor de mis despertares. Sabe, es curioso, me recuerda usted al muy remoto recuerdo ahogado en alcohol que tengo de la única otra persona que, sin saberlo, comparte mi terrible secreto. Bueno y usted. Parece que el destino se rió de mí por mi orgullo… pero bueno, de todo se aprende, sólo espero que no haya mucha gente que tengan que aprender humildad como lo hice yo.
Si estoy bien, gracias.
Hasta la semana que viene doctor.

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