Por favor, explicádmelo que no lo entiendo Parte IX
Por favor, explicádmelo que no lo entiendo…(Y otras historias sin sentido.)Autora: Marta A Dunphy-Moriel English
Capítulo 4: Juicios
Décima sesión.-Sabe doctor, siempre he detestado la toga de los jueces. En serio, siempre me ha dado repelús esos trapos horribles del color de los grajos y ese pin brillante que parece que da licencia para cambiarte radicalmente la vida. Siempre, siempre he detestado la toga de los jueces y esa ridícula campanita que tienen y no tocan nunca, las banderas que no ondean y los extraños seres que te miran con ojos vacíos desde el estrado.
La primera vez que fui a juicio me marcaron los ojos de esa señora amargada que me miraba a los ojos sin sentimiento alguno y la actitud del jovenzuelo que se hacía llamar secretario que solo miraba al suelo con su par gafas de culo de vaso y tomaba nota de cada palabra. Dos ratillas cogían notas nos miraban desde los asientos de detrás nuestra, tomaban notas, me juzgaban a mí y a mis hijos y cuchicheaban apuestas sobre qué harían esos seres sin alma con nuestras vidas. Y ese extraño ser de edad indefinida que, sin ni siquiera mirarnos, cerraba sobre dirigidos a otras madres que vería como su mundo se destruía al abrir ese sobre infernal. Al fin y al cabo, sólo éramos un número más. Como un búho y una tortuga, los miembros de la acusación cuchicheaban entre ellos mirándome a mí y a mis hijos que estaban sentados en el banquillo…
Siempre he detestado la toga de los jueces y la del secretario, la del fiscal y sobre todo y ante todo la del abogado. Pobrecilla, tan joven y con el pelo corto y moreno despeinado, con muchos papeles y un nerviosismo característico nos miraba desde la defensa. Venía muy bien recomendada para estas situaciones y nuestra familia no era problemática, era normal. Sólo tenían que admitir que habían hecho las barbaridades de las que se le acusaban y todo saldría bien.
Siempre, siempre he detestado la toga de los jueces, pues fue esa señora de cara amargada quien ordenó que mandasen a mis niños de quince años, mi vida, a un centro perdido. Necesitaban reformarse, cambiar de actitud y de vida. Desintoxicarse… Dios, como me dolió esa palabra… ¿Qué hicimos mal?
¿Dónde fallamos?
Siempre, siempre he detestado las togas de los jueces, porque fue esa toga la que cambió el curso de mi vida y envenenó a mi familia feliz. Fue el principio del fin.
En fin… ¿Qué tal la Noche Buena, doctor? Me alegro. No, que va, yo estuve sola esta vez… los chicos no pudieron venir, vendrán en Noche Vieja… Espero.
Gracias, es muy amable. ¿Nos vemos el viernes entonces?
Hasta el Viernes, doctor.
Siempre, siempre he detestado las togas de los jueces, porque fue esa toga la que cambió el curso de mi vida y envenenó a mi familia feliz. Fue el principio del fin.
En fin… ¿Qué tal la Noche Buena, doctor? Me alegro. No, que va, yo estuve sola esta vez… los chicos no pudieron venir, vendrán en Noche Vieja… Espero.
Gracias, es muy amable. ¿Nos vemos el viernes entonces?
Hasta el Viernes, doctor.
