Por favor, explicádmelo que no lo entiendo. Parte XX

Relatos cortos
Por favor, explicádmelo que no lo entiendo…(Y otras historias sin sentido.)
Autora:
Marta A Dunphy-Moriel                                                 English
Vigésimo- Primera sesión.-No me mire así. Ni que no hubiese visto un gotero en su vida.
Vamos, no sea melodramático. Al menos ya han descubierto lo que tengo, aunque no sean las mejores noticias del mundo, siempre está bien eso de saber cuál es mi fecha de caducidad. Oye, que no me quejo, podría ser muchísimo peor. ¿Con la edad que yo tengo? No diga bobadas… total un año más, un año menos… Además, ya no queda nadie de mi quinta. ¡Vamos hombre! No sabe lo deprimente que es haber sobrevivido a toda tu generación y que las personas que queden no hubiesen ni nacido cuando era una jovenzuela…

Además, digan lo que digan esos matasanos, lo que yo tengo es vejez, nada más. No me sea engreído, que parece que cuando aprueban el MIR les dan la licencia para ser Dios. Las cosas no son así. Si las personas estuviésemos hechas para vivir eternamente no envejeceríamos y punto. Y por mucho que se engañen con la cirugía, el vótox y demasiado ejercicio la realidad sigue ahí: todos envejecemos y todos vamos a morir.
 

Se lo toma de la manera incorrecta, al igual que la mayor parte de la gente de este mundo. Las células, al igual que los yogures y las ensaladas de bolsita, tienen su fecha de caducidad. Y, al igual que estas, si las ponemos en la nevera y nos aseguramos que estén libres de gérmenes, probablemente duren algo más que su fecha de caducidad. Pero, igualmente, antes o después llegará el día en que huelan a podrido. Vamos, no me ponga esa cara. Es algo natural. No hay que temerle. Solo asegúrese de haber jugado las cartas que le repartió la vida de la mejor manera posible y disfrute del camino. Al fin y al cabo, no volverá a vivir el mismo día dos veces.
 
Bueno, yo siempre he dicho que todo lo que me gusta es inmoral, ilegal o engorda… ¡No se ría y piénselo seriamente!
Vamos, vamos, le creía un hombre de mundo…
En fin, que sea como fuere, respecto a las cartas que me ha dado la vida, creo que he hecho todo lo posible por ser feliz y hacer feliz. Claro está que nadie es perfecto y se tienen momentos malos, palos gordos y daños irreparables.
 
Creo que el que más me duele es la traición.
Dicen que algo que no se perdona es un daño al espíritu. Si le soy sincera, jamás le he visto ni pies ni cabeza a esta expresión.
Bueno, si, supongo que se refiere a eso.
Claro.
Entonces tiene sentido.
 
Creo que un buen ejemplo sería, el mismo a niveles menos filosóficos, el daño que se ocasiona por la traición. Créame, una traición de alguien en quien confiabas es algo muy doloroso que espero que jamás de los jamases sienta ni padezca… La desesperación te corre por todo el cuerpo y te sientes la persona más idiota e ingenua del mundo…
 
Esa noche, los niños no habían querido venir a casa y yo me había ido a hablar con ellos sobre sus trabajos y como quería que se dejasen de tonterías e hiciesen algo útil con su vida. Ellos me explicaron que, por desgracia y contra todos sus esfuerzos, muchas personas les habían marcado, estigmatizado, por lo ocurrido con su padre. Nos sentamos esa tarde y noche llamando por teléfono a todas las academias y facultades. Simón quería entrar en el ejército pero no le dejaban presentarse por sus antecedentes, así que estaba trabajando de repartidor de un bar de mala muerte. Pedro quería ser arquitecto, pero las facultades le rechazaban aunque tenía una nota media excelente.
Juzgaban a mis hijos por un fallo del espíritu.
 
Tras batallar durante horas y horas, conseguimos encontrar una solución. En el calor del mes de Agosto, salí contenta del mugriento apartamento de mis hijos y me dirigí a casa.
Las luces estaban apagadas y solo brillaban las armas de caza colgadas por el pasillo, reflejando la luz de las farolas que iluminaban el cielo de verano.
Fue entonces que lo escuché. Abrí la puerta de golpe y ahí me encontré a mi marido y a Clara, mi mejor amiga desde que puedo recordar, en mi lecho conyugal.
Es lo último que recuerdo.
 
Lo siguiente que se es que estaba en comisaría. Mi vecina, la pobre mujer, escuchó los disparos y llamó a la policía. Fue en el juicio que me enteré que al ver a los dos traidores cogí el arma cargada que mi marido guardaba en la cómoda y me lié a tiros hasta que murieron. La policía me encontró acostada entre ellos. Abrazada a sus cuerpos sin vida y bañada en su sangre.
Enajenación mental transitoria. Eso dicto el juez. Jamás creí que esas cosas sucediesen de verdad y menos a mí… pero fue el testimonio de mis hijos lo que me salvó de pudrirme en prisión. Aseguraron que estaba bien cuando cené con ellos, les contaron todos los males de mi vida y el nivel de la traición… le hablaron de mi primer marido… de mis padres… de mi amistad con Clara…
Y así, acabé aquí.
Vamos, no se compadezca. Yo no lo hago.
 
La vida es como una partida de póker, te reparte tus cartas y te las apañas como puedas para ser feliz con ellas. Hay gente que tiene suerte y les reparten todos ases y figuras.  A otros le tocar sietes y ochos y no están mal. A mí me tocaron todos los doses de la baraja. Pero eso no es razón para estar triste, porque e aún así puedes ganar la partida. Puedes ser feliz, puedes dejar la mejor carta para el final. Y si, los grandes acontecimientos de mi vida son todo menos alegres. Pero los ratos buenos tampoco han faltado.
Entre aquí esperando que usted me lo explicara, porque yo no lo entendía, ¿Cómo puedo ser feliz con la mierda de vida que he vivido? Pero me temo que al final va a ser al revés, se lo tengo que explicar yo a usted.
 
La felicidad, querido doctor, tomasito, mi querido nieto, no es lo que se tiene, ni lo que se quiere, sino apreciar cada minúsculo ápice de lo positivo de cada momento de su vida. Nada es tan terrible como parece, se lo digo yo que he vivido cosas terribles. Más de las normales.
Eso no quiere decir que no se sufra, que no se pase mal y que las lágrimas no tengan sitio en tu corazón. Pero siempre está la esperanza de que las cosas pasan por algo, y que, por muy típico que suene ¡Siempre pueden ser peor!
 
Recuerde que solo hay una cosa peor que la verdad… tener que vivir con la mentira. ¡Afrontar la vida como viene es lo que da felicidad, porque si te das la vuelta y no coges al toro por los cuernos, al final te enviste por detrás…qué duele mucho más!
No sé si entiendes lo que, muy torpemente, he querido explicarte Tomasito. Ni sé si te volveré a ver. Pero espero que hayas disfrutado con esta loca y sus historias o, al menos, que no hayas sufrido muchas por aprender.
 
¿Recuerda que le conté, un tiempo atrás, que, hace años, una señora un tanto alocada que se hacía llamar Ginebra (si, si, como la mujer del Rey Arturo… o más bien como su trago favorito…) me dijo que tenía un talento especial? Me dijo algo sobre no se quede que Marte se alineó con Júpiter el día que nací y desde entonces y hasta que los jinetes del apocalipsis viniesen con sus temibles guadañas a cosechar las perdidas almas de la tierra mi nombre sería grande.
 
Pues no sé si es verdad o mentira y, sinceramente, me da igual. Porque yo he vivido mi vida, como he podido y afrontando las cosas como venían. Intentando ser feliz y hacer feliz a todo el que estaba cerca mía. Y puede, y muy probablemente, que mi nombre no pase a la historia como el de César, Cleopatra o Pilatos. Pero sinceramente, prefiero que no lo haga, porque sus nombres se relacionan con sangre y soledad. Que me recuerden los míos, si me quieren recordar, con cariño y con afecto. Y si no, que se borre en el viento cada aliento que suspiré porque le juró que con las cartas que la vida me ha dado he jugado, perdí y ganaré.
Hasta la semana que viene. Cuídese mucho. Vamos, un abrazo a su abuela de sangre. Eso. Nos vemos pronto. Adiós.

 
 
 

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