Las Cigüeñas siempre vuelven

Relatos cortos
Como las oscuras golondrinas, como los idus de marzo, como los impuestos, como las lluvias de otoño. Las cigüeñas siempre vuelven y ahí están, puntuales y solemnes, en sus nidos de siempre, y en su pueblo de siempre.
Eduardo dominguez-Lobato Rubio.-Y para nosotros siempre serán las mismas, las de toda la vida, símbolo gloriosos de la especie, banderín y centinela de nuestra bienandanza, de nuestros desvaríos y acaso de nuestros sueños.
Es verdad que, en cierta medida, las cigüeñas han perdido encanto y misterio, han perdido leyenda ante la infancia porque ni aun los más pequeños creen a estas alturas que traen colgados del pico a los niños que vienen de Paris.
Leyenda ya olvidada porque vaya usted con tan hermosos cuento a los chavales de ahora, tan al cabo de la calle en cuestiones ginecológicas desde que pisan la clase de párvulos.
De cualquier manera, buenos días cigüeña, bienvenida, cigüeña, angelón de las alturas, garabato entrañable, casi signo de interrogación, sobre el azul de los cielos.
 
A través de los tiempos, conservan intacto su prestigio de especie bienhechora, de tótem propicio, ave de buen agüero, rara avis en esta época abundosa en negruzcos pajarracos, Uno mira hacia el campanario por pura inercia y allí  la vemos, hierática, pensativa, indiferente a todo los de aquí abajo.
 
Tan familiar resulta que dan ganas de saludarla desde lejos como a vecina antigua, tan cercana como desconocida. Porque, en verdad, poco sabemos de ella, indoctos como somos en etología. La vemos, pero, ¿qué pensará ella de nuestra bullas, nuestras prisas, de nuestros afanes y quehaceres ¿. Cualquiera sabe aunque cabría la sospecha de que hasta nos ignora, embebida como está en los anchos horizontes de esta Andalucía nuestra.
 
Francamente, es como para envidiarlas, sin engorros circulatorios, sin campañas electorales, bien surtida la despensa y campo verde por delante. Iba a decir sin problemas de vivienda pero no: de algún que otro lugar las echaron a escobazos  y la verdad es que su presencia se vuelve cada vez más escasa, tanto que apenas quedan unas cuantas sin que nadie se inquiete en demasía. Por cierto, ¿ dónde, cómo, cuándo morirán las cigüeñas? Posiblemente gozan de ese morir bello y oculto de los pájaros que dijo Juan Ramón aunque eso apenas importa ahora. Lo importante es  cómo viven y que las dejemos vivir, vivir en paz y felicidad a su forma y manera, entre otras razones porque vienen a ser como pañolillos blancos sobre el sosiego de los pueblos, termómetros irrebatibles de la convivencia feliz, de la paz ciudadanana.
 
Sí, ahí están. Escuchamos su crotoreo amanecido, especie de castañuelas incitantes o zapateado nupcial o matraca jubilosa.
 
Y escriben en el cielo con esos vuelos lentos, altos , majestuosos, dignos de meditación y estudio, a caballo entre la filigrana caprichosa y la exactitud matemática. Sí ,ahí están, imperturbables, eternas casi, por encima de las generaciones, por encima de los siglos. Muchas cosas han cambiado y cambiarán, menos las cigüeñas, siempre iguales, siempre donde mismo. Muchas cosas nos fallan y fallarán porque fallables somos y cuando no desatinamos nosotros, desatinan los demás. Pero ellas no. Véanlas ustedes, siempre en su lugar, en su fecha ya su hora. Las cigüeñas vuelven siempre.

Comparte nuestro contenido