El club de las histéricas…. PARTE II
El club de las histéricas.Por favor, pase sin llamar Autora: Marta A Dunphy-Moriel English
Segunda reunión.-Mi marido me obligó a ir. De hecho, me condujo hasta la puerta y se esperó a que entrase antes de irse en nuestro pick-up rojo.
El portero estaba sentado viendo una serie en el ordenador y casi ni levantó la vista cuando le di las buenas tardes.
No tenía ningunas ganas de ir. Pero no tenía dinero para un taxi y todo estaba a más de una hora andando. Pasando del tema.
“El club de las histéricas. Por favor, pase sin llamar…”
“Si, si, lo sé.”-Me murmuré a mi misma, abriendo la puerta.
Milagrosamente la nube de humo había desaparecido… Stella tenía que haber contratado a equipo de Mr. Propre para borrar hasta la última huella del patrocinador. En vez de eso, la mesa estaba repleta de muffins de una marca muy conocida, también habían puesto una máquina de café como la de los anuncios. Oh, prometía ser tan divertido. Me sentí cruel, pero con lo ridículo que me seguí pareciendo todo esto, tenía que buscarle el lado divertido de algún modo.
Entonces, cuando todas estaban comiendo como locas los grasientos muffins, como si se fuese a acabar el mundo, me quedé de piedra escuchando la confesión de Rosmary quien, tras mucha presión, se aventuró a hablar para un público que no la escuchaba. Sólo se dedicaban a engullir.
"Es curioso como nacen las obsesiones. No aparecen de la noche a la mañana sino que poco a poco van conquistando cada milímetro de tu voluntad hasta convertirte en un ser completamente poseído por el impulso. Comencé usando este terrible secreto para desahogar la sensación de impotencia que la situación de mi familia rota me producía. Luego empezó la cuenta, la cuenta de calorías. Mi padre no dejaba de preocuparse por mí, decía que cada vez me veía más delgada y se lo achacaba a mi madre, desolada, que no dejaba de llorar día y noche. Empecé a asegurarme que comía más calorías de la cuenta para no perder peso y que mi padre pudiese estar tranquilo. Una farsa necesaria, no quería que se preocuparan. Debo hacerlo bastante bien, porque nadie se ha percatado de mi terrible secreto. Nadie… ¡NADIE! No es que no sepa que tengo un problema, que esto no puede seguir así y que es una enfermedad. Pero , ¿Por qué voy a cargar a nadie con mis problemas? Además, no quiero preocupar a nadie."-La famélica terminó de murmurar, mirando al suelo.
"¡Anda querida! ¡Podría ser peor, al menos no eres anoréxica!"-Stella dijo con entusiasmo y cambió de tema.
Yo las miraba con completa repulsión mientras tragaban grasas saturadas e ignoraban la confesión de la bulímica, agarrándome la barriga y preguntándome a que clase de mundo traía a mi hijo no nato.
