Por favor, explicádmelo que no lo entiendo Parte XVIII

Relatos cortos
Por favor, explicádmelo que no lo entiendo…( Y otras historias sin sentido )  Capítulo 7: Traiciones      
 Autora: Marta A Dunphy-Moriel                                      English 
 Décimo-novena sesión .- En el nombre del Padre de mis hijos habría muerto, habría matado, habría dado cada ápice de mi minúsculo y frágil ser por hacerle feliz pues sabía que él era mi luz, mi vida, mi todo… confiaba por completo en él.En el nombre del padre de mis hijos fui sola a la reunión de padres con mis dos hijos, que como era típico en esa conflictiva etapa adolescente que todos pasamos.

 
Por desgracia o por suerte para su padre y para mi, habían salido más parecidos a su madre que a su padre y el conflicto y la rebeldía sin sentido era su credo.Si, no es nada fácil ser madre.
Créame, los sentimientos contradictorios son más fuertes y frecuentes de lo que una persona normal, o por lo menos así se consideran, aguantaría antes de tornar a la más horrible y completa locura. Una vez más y como tantas otras veces, mis queridísimos hijos, que tanto se parecían a la madre que les parió, se habían metido en una pelea.
Se me caía la cara de vergüenza cuando el tutor me relataba la ingenua y cruel manera en la que habían tratado a uno de sus compañeros y como sufrían ataques de rabia incontroladas de dudoso origen.
Viendo que su entorno familiar era ideal y que, que yo supiese, mis hijos no consumían ni alcohol ni drogas, lo achaqué a cosas de la edad. Con mis dos adolescentes barrillosos cogidos por la oreja, volví a casa gritando broncas y maldiciones a mis dos hijos.
 
Fue entonces cuando vimos que las luces de la casa estaban encendidas. Algo raro, teniendo en cuenta que mi marido estaba en una reunión con su jefe y algunos compañeros de trabajo. Los chicos abrieron la puerta de la entrada desconfiadamente, e ignorando mi orden de esperar hasta que llegase la policía, cogieron dos palos de golf de la entrada y fueron en busca del intruso.
Muerta de frío, esperé temerosa mientras llamaba una vez y otra a la policía. Mis hijos, de metro ochenta y corpulencia de todo, habían desaparecido entre los muros de nuestro hogar. Cuando estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta de entrada escuché gritos de rabia y llantos de súplica.
Corrí por los oscuros pasillos a toda prisa, implorándole a los dos hormonales adolescentes que dejasen al intruso tranquilo… que esperasen a la policía…y cuando abrí la puerta del dormitorio mi corazón y mi mente murieron en unísono. En el nombre del padre, mis hijos entraron.
En el nombre de su madre, a su padre desnudo apalearon.
Y en el nombre de la familia, al amante mataron a palos.
Y yo, paralizada en cuerpo y alma me quedé en el umbral de la puerta hasta que la policía llegó. Y mientras esposaban a mis dos hijos pequeños, paralizada, como en un sueño, me quedé viendo como morían el jefe de mi marido, mi familia, mis sueños y yo.

 

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