El niño pepero
EL NIÑO PEPERO
Carne de yugo, ha nacido[1]
más estirado que bello,
por las flechas perseguido[2]
y en Moncloa habrá que vello.
Nace, como las encuestas,
a las Cortes destinado,
si el Congreso no se presta
da un pispás con el Senado.
Entre estiércol puro y lleno
de fachas, trae a la vida
un programa de relleno
viejo ya y españicida.
Empieza a elegir y empieza
a cargar de punta a punta
la corrupta, el sinvergüenza,
quien les pague y quien les unta.
Trabaja y, mientras la caja
B ‑que ha urdido mente en serio‑
unta la suya, él baraja
sillones y ministerios.
Empieza a escañir y siente
que ha de durar lo que espera
más que duró Presidente
pues que será la tercera.
Contar escaños no sabe,
y ya se ve ganador,
que es una corona grave,
ganando, ser perdedor.
A fuerza de Mérkel, fuerte,
y a fuerza del Rey, crecido,
con Constitución, con suerte,
despedaza un país reñido.
Cada nuevo día es
más ¡joder!, más ¡cara dura!,
¡gentuza!, para después
darles más legislatura.
Y como el país se hunden
en la mierda lentamente
para que la Audiencia inunde
de aforados su expediente.
Me duele este pueblo y siento
como una gran losa encima
y su vivir tan contento
de o nosotros o la ruina.[3]
Les oigo hablar de los rojos,
de Venezuelas, chanchullos
de los demás, no el despojo
que están haciendo los suyos.
Me duele ver que un escándalo
tras otro y otro lo aguantan,
supositorios de sándalo
desde el ujier a la Infanta.
¿Quién salva a España de pillos
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo que esta cadena?
Que salga del corazón
de los votos que les dieron,
que antes de ser votos son
y han sido votos peperos.
*
[1] Carne del yugo y las flechas (ENP2)
[2] por las urnas perseguido (ENP2)
[3] “a favor” de tanta ruina. (ENP2) “a favor”, lema de campaña del PP el 26‑J.
