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Black is black

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Imagen activaCuando yo era joven y España era un imperio, allá por los 1600 y pico, los españoles teníamos frases para todo, frases épicas, que nos salían casi de corrido, sin ensayarlas siquiera.

Comprendí siglos después que, como Dios estaba de nuestro lado, el Espíritu Santo en forma de paloma cabildeña y parlanchina, nos susurraba al oído frases como: “llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre”, o aquella tan majestuosa de “estos son mis poderes y donde no se llega con la mano se llega con la punta de la… con la punta de la… espada”.

Ahora, como este Imperio nuestro no llega más allá de las Chafarinas, los reyes han perdido su épica y con un simple “¿porqué no te callas?”, piensan que está todo dicho y que con esa ocurrencia han llenado los anaqueles del siglo.

Pero de pronto uno vuelve la cara hacia América, hacia la nueva América sin Bush, y resulta que allí, además de marines borrachos como en Rota, hay también gente honrada que vota a políticos épicos, políticos que saben aun decir frases como los españoles de mis tiempos: “No hay más fronteras que aquellas que marcan nuestros sueños” o “Vamos a demostrar que el poder de nuestra nación no viene de nuestra riqueza, sino de nuestras ideas, de la libertad, de la democracia y de un corazón siempre dispuesto”.

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