Cartas de una sombra
El pasado martes 16 de febrero, tuve la ocasión de acompañar a mi amigo y, Señor Duque de Medina Sidonia, Leoncio Alonso González Álvarez de Toledo. Con él en mi existe esa dualidad en enfrentamiento amistoso constante de por un lado, citarle y dirigirme a él como “Mi Señor Duque”, por el peso de tan Grande y Noble linaje que carga en sus hombros. Pero que al momento paso a llamarlo “Alonso”, pues pese a esa carga familiar es una persona simple, de gran sencillez.
Para alguien que viene del mundo castrense y que realmente ama ese mundo, entender y luchar por mantener en pie el estandarte ducal, es algo que se lleva dentro. No es eso, de sacar la bandera española cuando hay mundial y cuanto termina, esconderla nuevamente. Aquí hablo de valor, lealtad, respeto, admiración, y en mi caso, la oportunidad de seguir aprendiendo de la mano de un HISTORIADOR, que además vive inmerso en la historia. Que no le han dado o nombrado a dedo, ni etiquetado por no sé qué estamento, sino que “ha mamado” la historia local y buena parte de la nacional e internacional desde pequeño, respirando el olor inconfundible de esos legajos que su madre se afanó en recuperar y estudiar, entre los que él jugaba. Seguramente, mientras a mí, mi madre me cantaba aquella canción de “La Adelita”, en el caso de Alonso su hilo musical materno era la voz de su madre leyendo aquellos legajos.

