Vergüenza ajena compartida

Pepe Fernández
El “café” de La Duquesita
Pepe Fernández.-Desde luego no me refiero a la desaparecida Luisa Isabel Alvarez de Toledo duquesa de Medina-Sidonia cuando hago referencia a la gratificante bebida, pero sí el lugar donde he tenido que sufrir la vergüenza ajena ante unos amigos foráneos a los que, cortesía obliga, tuve que invitar a conocer el lugar por todos querido y conocido, la cafetería del citado palacio renacentista ducal que forma parte del conjunto  histórico-artístico de nuestra ciudad.
Muchos ciudadanos de Sanlúcar promueven su ciudad de una manera silenciosa pero gratificante y altruista transmitiendo sus conocimientos –cuantitativamente los que sean–- a los que nos visitan.
El empeño y esfuerzo económico pagado con los dineros de nuestros impuestos que la delegación de fomento y todos sus trabajadores comandados por Antonio Reyes, concejal de CIS, caen en saco roto cuando después de tanto dinero y difusión en eventos, rutas varias, ferias de tapas o principales fiestas de nuestra ciudad, el ciudadano, el usuario, pone los pies en la realidad del servicio que algunos profesionales ofrecen a los clientes del local en cuestión.
 
Siendo la cafetería del Palacio ducal uno de los lugares más emblemáticos e importantes de nuestra ciudad para promocionarla, es cuanto menos vergonzoso, y me quedo muy corto, con el trato recibido por éste  que les relata esta situación y sus amigos, por lo acaecido en la tarde de ayer sábado en la citada cafetería por dos profesionales de dicho establecimiento hostelero.
 
La camarera que anotó la comanda en ningún momento recogió el servicio anterior de la mesa y de esta guisa sirvió el pedido tuteando a una a quien no conocía de nada para que “le echara” una mano distribuyendo los cafés, teniendo que devolver dos de ellos después de rectificar la anotación tomada minutos antes y comprobar que era correcta según el cliente.
 
En un gesto muy comercial ofreció bizcocho de limón, “pues era lo único que quedaba” y que nadie consumió…porque no era eso lo que apetecía. Al terminar la agradable gestión de café y pasar por el mostrador vimos que  lucían dos excelentes y apetitosas tartas de chocolate, reclamo de dos de nuestros amigos para tomar café en tan histórico lugar.
 
Pensar que el mismísimo Guzmán el Bueno, señor de Sanlúcar o el capitán general de la Armada invencible anduvieron por estos lugares son suficientes motivos para refrescar nuestra Historia con una agradable charla en torno a un café  y evocar nuestros más lejanos y tiernos recuerdos correteando por los pasillos o el salón de embajadores o quitando el polvo de los viejos legajos del archivo ducal ayudando en esa tarea  al gran profesor, Don José Valverde, sempiterno director, que fue, de la escuela de El Pino.
 
Naturalmente, el servicio anterior se retiró de muy malas ganas y el agua solicitada desde el principio nunca llegó a pesar de lo cansino de nuestras peticiones.
En cualquier lugar que se precie, en el bar de la Piscina municipal, por ejemplo, el profesional Carlos y su esposa es lo primero que hacen cuando un cliente se sienta en su barra o en sus mesas: servir una vaso de agua fresca.
 
Al ser requerida la “profesional” en la misma minibarra por uno de los visitantes foráneos que me acompañaban, le aconsejó que cogiera los seis vasos él porque ella estaba muy ocupada.
Al final pudimos saborear el líquido elemento, me refiero al agua, al marcharnos y  pasar por la  susodicha minibarra,…. vaya que se nos acusara de provocar estres al personal.
 
Cuatro de nuestros amigos se negaron en beber el agua si para ello debía solicitarse la venía y pleitesía a quien no había hecho bien su trabajo y prometieron no volver jamás a tan desangelado e inhóspito  lugar. Pues eso, que al expresidente del gobierno, Felipe González, en aquel momento de nuestra Historia más reciente cuando dijo “café para todos” se le olvidó añadir “ y agua también”, pero eso es otra historia.
 
El empresariado hostelero sabe que esta situación común en el 90% de los establecimientos de la ciudad no se puede contrarrestar con la mejor manzanilla del mundo, pero ellos también se han acogido al modelo chino para mejorar el resultado de sus empresas: Reducir costes laborales en sueldo y formación para ganar más, así que todo lo que se diga sobre nuestro turismo no podrá ir ligado nunca a estas aptitudes que denigran a los consumidores, menos aún  en el caso de dicha cafetería cuyos precios son muy superiores al de cualquier lugar de Sanlúcar, motivo suficiente para tener buenos y mejores  profesionales que no te nieguen un vaso de agua al tomar un café.

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