APUNTES DE HISTORIA DXCII

Cultura, Manuel Jesús Parodi

Manuel Jesús Parodi.-Las Covachas y la Expedición Keicho (1614-1618)

Un hito histórico muy relevante en la Historia de la Humanidad es el representado por la primera misión diplomática oriental en llegar a Europa, la misión Keicho (1614-1618), cuando desde Japón llegaron a las playas de Sanlúcar de Barrameda aquellos japoneses encabezados por el samurai Hasekura Tsunenaga para buscar el respaldo de la Monarquía Hispánica, entonces encabezada por Felipe III, y del Papa de Roma, Paulo V Borghese en esos momentos, a la cristianización de los territorios insulares del Sur del archipiélago nipón (emprendida por misioneros españoles y portugueses, en ese entonces bajo el manto de la Monarquía Hispánica), alcanzando dichos expedicionarios finalmente la ribera sanluqueña y rindiendo visita a las autoridades de la ciudad a su llegada a la misma, para maravilla y asombro de los vecinos de Sanlúcar a quienes nunca habría sido dado contemplar la llegada de unos tales visitantes a la localidad.

En este sentido cabe señalar de nuevo que uno de los elementos singulares más relevantes del Patrimonio Histórico sanluqueño es el constituido por Las Covachas, un espacio singular de la Sanlúcar histórica, en el eje entre los dos núcleos articuladores de la ciudad vieja, los Barrios Alto y Bajo, un espacio ubicado en el corazón de la Cuesta de Belén, la histórica arteria que unía la ribera sanluqueña con el espacio amurallado de la Sanlúcar medieval, que descansaba entonces -como hoy, pero ya sin la cinta murada, de la que quedan algunos vestigios- en la cima de la corona de la Barranca ribereña, precisamente en el núcleo urbano, social y económico, amén de político, del escenario al que llegaron los expedicionarios del Japón 1614 y desde el que regresarían a su tierra en 1618 aquellos nipones que no quisieron quedarse en tierras andaluzas, mientras los que sí se quedaron darían forma a la notoria colonia japonesa que aún hoy se perpetúa cultural e identitariamente en la cercana localidad sevillana de Coria del Río, que acogiera a los nipones que no quisieron tornar a las islas del Sol Naciente, , 

El espacio de Las Covachas (posiblemente un abrigo costero de remoto origen en el tiempo quizá incluso relacionado con el primer poblamiento de la zona en época protohistórica) presenta un aparato ornamental diseñado con el aspecto que presenta por la Casa Ducal de Medina Sidonia en tiempos del II Duque, D. Enrique II el Magnífico, y cuya realización (el momento en el que se llevan a cabo los arcos ojivales monumentales y se ornamentan con las figuras de dragones marinos, a caballo entre los siglos XV y XVI) debió ser contemporánea con la época de la I Vuelta al Mundo, cuando no inmediatamente anterior a los años en que se desarrolló dicha Expedición. Este aparato ornamental que exorna las oquedades de Las Covachas, en la ladera de la Barranca sanluqueña fue concebido como un elemento clave en la propaganda del Poder de la Casa de Medina Sidonia, diseñado para mostrar algunos de los elementos de la mística del Poder de la Casa como eran esos dragones marinos alados. 

Los ojos de Hasekura Tsunenaga y sus connacionales contemplarían a principios del siglo XVII este espacio monumental con su fastuoso aparato de ornamentación y propaganda del poder ducal, ya que en su ascenso al Barrio Alto de la localidad habrían precisamente caminado frente a dicho aparato de poder, los arcos y los dragones de Las Covachas, quizá también maravillándose de lo que veían, teniendo en sus ojos el mismo asombro que embargaría a los locales al verlos. 

Y desde las orillas sanluqueñas, por ese entonces no tan alejadas de este mismo entorno de Las Covachas como en la actualidad, habría de volver a hacerse a la mar la embarcación que llevase a los hijos de Amaterasu de vuelta al Oriente, acaso contra su inicial intención y voluntad, al regresar de vacío, sin alizanzas, a sus lejanísimas islas, para morir allí no pocos de ellos como víctimas de la persecución religiosa desatada en el interim contra los católicos japoneses. 

Las Covachas, así pues, guardan una directa relación con la Expedición Keicho, ya que desde sus alturas en el corazón del eje de la Barranca sanluqueña los ojos ciegos de sus dragones y las ojivas de piedra de sus arcadas góticas habrían de contemplar la llegada y la partida de estos expedicionarios, y bajo sus miradas de piedra caminaron los componentes de la comitiva de Tsunenaga, y por sus inmediaciones ascendieron hasta el Palacio Ducal de Medina Sidonia los integrantes de la antedicha Expedición Keicho, y junto a sus referidas ojivas descansarían acaso un momento antes de proseguir el camino Cuesta de Belén Arriba hasta llegar al Palacio Ducal en espera de ser recibidos allí antes de continuar con la gran aventura de la que eran protagonistas: la primera legación oriental al Occidente, al tiempo que acaso junto a Las Covachas habrían de pasar los supervivientes de este azaroso viaje en su camino de retorno al Lejano Oriente cuando llegaron de nuevo hasta Sanlúcar de Barrameda en 1618, culminando de ese modo la que sería la última etapa europea de su retorno, finalmente, al seno de su insular tierra natal. 

Las Covachas son un elemento patrimonial ya existente en la época de la Expedición Keicho, ya que formaban parte del paisaje monumental de Sanlúcar ya desde finales del siglo XV y principios del XVI, y por tanto también se alzan en el contexto de la Sanlúcar que viera llegar y partir a los integrantes de la Expedición Keicho, y representan uno de los más notables y destacados referentes del tesoro patrimonial de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, constituyendo al mismo tiempo un potente hilo conductor monumental que lleva directamente desde el actual siglo XXI hasta los momentos de la Expedición encabezada por el samurai Hasekura Tsunenaga, a principios del lejano siglo XVII, hace ahora más de cuatrocientos años. 

Privilegiado testigo de los hitos históricos del último medio milenio de la Historia de Sanlúcar, los arcos y dragones de Las Covachas se erigen desde hace siglos como una de las más poderosas señas de la identidad sanluqueña, algo más alejados del río y la ribera que los vieran nacer hace medio milenio, pero tan sólidamente anclados ahora como en su origen en la fachada de la Barranca sanluqueña así como en el paisaje emocional, sentimental, de los sanluqueños.

Comparte nuestro contenido

Deja una respuesta