Apuntes de Historia CCCLXXV

Cultura, Historia, Manuel Jesús Parodi

Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Sanlúcar en los apuntes de un viajero alemán de 1599 IX.

Es casi obligado señalar, en especial para aquellas personas que no vienen siguiendo los anteriores artículos de esta pequeña serie que estamos desarrollando en estas páginas virtuales desde hace ya algunas semanas, que estamos abordando los contenidos relativos a Sanlúcar de Barrameda albergados en un manuscrito sobre la España de fines del siglo XVI titulado “Tesoro Chorografico de las Espannas por el Señor Diego Cuelvis”, del que es autor el antedicho Diego Cuelvis (o Jacob Cuelbis, como también se le menciona). 

Se trata de un texto descriptivo sobre la España del primer año del reinado de Felipe III (el año 1599, fallecido Felipe II en 1598) escrito en lengua castellana por su autor (que era, sin embargo, alemán) y que se conserva en el fondo de manuscritos españoles de la British Library de Londres, un texto en el cual su autor refleja sus experiencias e impresiones sobre la España de la época, a la que conocería de primera mano merced a su viaje por tierras españolas. 

Contamos en España con copia de este manuscrito pluricentenario merced al interés del historiador andaluz y académico de la Real de la Historia Pascual de Gayangos (Sevilla, 1809 – Londres, 1897), quien se ocuparía de que se realizase una copia del manuscrito de Cuelbis, la cual se conserva en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. 

Venimos siguiendo el texto de Diego Cuelbis (o Cuelvis) en la edición que del mismo hiciera Salvador Raya Retamero hace ya casi dos décadas, ocupándose de las andanzas andaluzas del periplo de este viajero alemán en un libro de 90 páginas de título “Andalucía en 1599 vista por Diego Cuelbis”, volumen que fuera editado (en una corta tirada de tan sólo un centenar de ejemplares) por la Junta de Andalucía a través de su Consejería de Educación el año 2002 siendo impreso en Málaga por “Caligrama Ediciones”. 

Como ya hemos señalado, Cuelbis viajó por diferentes escenarios de la España de muy finales del Quinientos visitando algunos paisajes españoles de aquella época, unos paisajes y unos lugares entre los cuales habría de contarse la ciudad (a la que llama “villa”) de Sanlúcar de Barrameda, a la cual este autor no vacilaría en calificar como “el principal y más famoso puerto de España” (página 54 de la edición de Salvador Raya). 

Es de señalar que seguimos los contenidos del Cuelbis de acuerdo con la exposición que de los mismos hace el propio autor en su texto (y el editor en el suyo), esto es, en el orden y progresión de los referidos contenidos que se muestra en le edición de Raya Retamero del manuscrito de Cuelbis, sin alterar la secuencia de los datos y el hilo argumental del testimonio de este viajero germano tal y como lo recogiera él mismo en su manuscrito original del siglo XVI, y tal y como se recogiera así mismo en la copia decimonónica que debemos a Pascual de Gayangos y tal y como, finalmente, se presenta el texto en la edición andaluza (ya de los albores del presente siglo XXI) de Salvador Raya Retamero. 

En el anterior artículo de esta serie nos centramos en los comentarios que hacía el autor alemán sobre la situación de la navegación en la desembocadura del Guadalquivir, tan entorpecida por la Barra del río, por esos “…peñascos del mar que llaman Peñascos de Barrameda, cerca de los cuales se ahogaron infinitos navíos grandes…”, forma que tiene el viajero germano de referirse a la Barra del río, causante históricamente de tantos naufragios, que aparecen de este modo reflejados a su vez en las palabras del mismo Cuelbis. 

Tras hablar al punto sobre la condición portuaria de la zona de “Bonance” (que es como el autor llama en reiterada ocasión a Bonanza), puerto al que recurrían las embarcaciones de gran porte precisamente para evitar los peligros e incomodidades de la zona más próxima a la desembocadura del río, se detiene Cuelbis a considerar los perfiles económicos de la Sanlúcar de la época en especial en lo que tiene que ver con el comercio, los comerciantes y el vino. 

De este modo señala literalmente el autor en el siguiente párrafo de su texto: “Avía muchos pipos de vina. Tienen aquí grandes tratos los mercaderes de todas naciones: flamencos, franceses, alemanes y italianos, porque ay una lonja donde concurren cada día cerca del mediodía y la tarde. 

Es un pueblo bien proveydo de todos los mantenimientos: pan, carne salada de puerco, bonísimas longaniças, manteca de Flandes, pescado muy bueno, y uno que llaman Sollos, precioso, del que la libra vale dos reales”. Cuando dice “Avía muchos pipos de vina”, se refiere a las “pipas” de vino, a los toneles destinados a contener los caldos de la tierra, como nos señala la Real Academia Española de la Lengua en su “Diccionario” (el DRAE) en la definición de “pipa”: “Tonel o candiota que sirve para transportar o guardar vino u otros licores” (en la tercera acepción del término, femenino). 

Es ésta la forma que tiene Diego Cuelbis de hacer referencia a la riqueza vitivinícola y vinatera de Sanlúcar de Barrameda, poniendo de manifiesto la existencia de una gran cantidad de botas (toneles, barricas, pipas…) en la ciudad al hilo de su consideración sobre los abastos y los aspectos comerciales, mercantiles, de la Sanlúcar de la transición entre los siglos XVI y XVII. 

Acto seguido, y en el mismo párrafo, este testigo de la Sanlúcar de otra época se detiene a poner sobre la mesa el cosmopolitismo comercial de la capital de los Estados de la Casa de Guzmán; Sanlúcar, de acuerdo con el manuscrito que nos ocupa, es un lugar en el que se dan cita comerciantes de muy diferentes paisajes de la geografía europea de la época (“…de todas las naciones…”), haciendo referencia expresa a los originarios de regiones como Flandes, Francia, Alemania e Italia (“…flamencos, franceses, alemanes y italianos…”). 

Este estado de cosas refleja la riqueza cultural cosmopolita de Sanlúcar en las postrimerías del siglo XVI, fruto a su vez de la riqueza económica de una ciudad que era centro de interés y atracción para nativos de muy distintos rincones de la Europa del momento, lo que a su vez es un reflejo de las múltiples y variadas líneas comerciales confluyentes en este privilegiado marco de la desembocadura del Guadalquivir ya en el Quinientos, no mucho después del retorno a Sanlúcar de Barrameda de la nao Victoria bajo el mando de Juan Sebastián de Elcano.

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