Apuntes de Historia CCCLVI

Cultura, Historia, Manuel Jesús Parodi Álvarez

Paseando por la Sanlúcar de 1519.

Manuel Jesús Parodi.-En el contexto del Barrio Bajo sanluqueño, del antiguo Arrabal de la Ribera, de esas orillas que vieron zarpar a los barcos de la “Armada de la Especiería” o “Armada del Maluco” (las naos Victoria, San Antonio, Concepción, Trinidad y Santiago, comandadas por Hernando de Magallanes) un 20 de septiembre de 1519, se encuentra la iglesia de San Jorge.

La iglesia de San Jorge pertenecía en sus orígenes a una colonia inglesa de mercaderes que estaban asentados en Sanlúcar desde finales del siglo XV, estando vinculada así mismo a la Monarquía inglesa (San Jorge es patrono de la nación y de la Corona de Inglaterra).

El Duque Don Alonso Pérez de Guzmán “El Fatuo” cedería a esta colonia de hijos de Albión un solar en 1517 junto a las atarazanas y la chanca, donde los britones de la Britannia Maior (frente a los britones de la Britannia Minor, los bretones de la Bretaña francesa) construirían -como decimos- un templo dedicado al patrón de Inglaterra, San Jorge.

 Junto a la iglesia construyeron también el llamado “Colegio de San Jorge” que integraba, además del propio colegio, un hospital y una cofradía patrocinada por el mercader inglés Juan Fletcher.  

Estas construcciones habrían de servir para atender a las necesidades de toda la comunidad inglesa en Sanlúcar, que llegaría a ser la más numerosa de entre las conformadas por súbditos de nación extranjera residentes en la ciudad en aquellos años de transición entre las edades Media y Moderna, entre los siglos XV y XVI.

De los duques de Medina Sidonia, señores de Sanlúcar de Barrameda, estos comerciantes ingleses obtendrían privilegios como el de un cierto grado de autogobierno con el establecimiento de un consulado propio con autonomía de jurisdicción y de elección de sus integrantes. 

Familias de comerciantes tales como los Brujas, los Mallart o los Barlo, materializarían grandes negocios y construirían fortunas merced al comercio de telas y pañerías de Londres, así como dedicándose a la exportación del atún y aun al tráfico de esclavos.

Al quedar finalmente incorporada Sanlúcar de Barrameda a la jurisdicción de la Corona española en el año 1645 se suprimieron los privilegios económicos, tributarios, de que disfrutaban los navíos mercantes ingleses que llegaban hasta el puerto sanluqueño, yal desaparecer dichos privilegios desaparecería también la financiación con la que se mantenían la iglesia y el Colegio de San Jorge, que nunca dejaron de ser espacios católicos pese al Cisma de Inglaterra con Enrique VIII e Isabel I (principios-mediados del siglo XVI).

La primitiva iglesia construida en torno a 1517, se mantendría en sus formas prístinas hasta el año 1631, fecha en que ayudados sus custodios por el VIII duque de Medina Sidonia, Don Manuel, y por el Cabildo de la ciudad, se iniciaría la construcción de una nueva que dio en principio problemas por ser de estructura demasiado ancha, por lo que hubo de quitarse la cubierta y estrecharse la nave, quedando finalizada la fábrica en torno a 1700

La iglesia nueva se compone de una sola nave, con una fachada neoclásica y un sencillo altar mayor adornado con un retablo realizado por Peter Relingh, autor de prolífica obra en la ciudad.

En su interior se encuentra el Cristo de los Barqueros, de honda devoción marinera, una pintura que representa al dicho Cristo y a la Virgen de la Caridad, patrona de la ciudad;a ambos lados, el VII duque de Medina Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán y el alférez Pedro de Rivera Sarmiento.

Esta obra del siglo XVII alude al muy conocido milagro realizado por la Patrona de Sanlúcar, la Virgen de la Caridad, devolviendo la salud y curando por completo a su devoto Pedro de Rivera tras ser herido éste en el contexto de una disputa a la que era ajeno y en la que intervino -con un acto de buena voluntad recompensado finalmente por la Virgen de la Caridad- para arbitrar entre dos marineros que discutían y se enfrentaban al arma blanca. 

En 1985, la iglesia católica inglesa cedería el referido templo y sus edificios colindantes a la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Sanlúcar de Barrameda, donde se instalan la capilla y Casa de Hermandad inaugurada al poco y donde radican en el momento presente.

En el entorno de la iglesia de San Jorge y del convento de ReginaCoeli se habría encontrado la Chanca, de la que solamente queda -como un fósil histórico- el ejemplo de toponimia urbana de la calle homónima, donde quizá se ubicase dicha “Chanca”.

¿Pero, cabe preguntarse, de qué estamos hablando cuando hablamos de una “chanca”? 

Pues estamos hablando de una instalación de naturaleza compleja que podría haber servido tanto como factoría de tratamiento y transformación de las capturas de pescado (¿los atunes del duque?) como de instalación auxiliar de las atarazanas ducales. 

Así, atendiendo a la segunda acepción que de “chanca” ofrece el DRAE (el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua), tendremos que se nos indica que es un término de origen desconocido que en Andalucía viene a ser un “depósito a manera de troje destinado a curar boquerones, caballas y otros peces para ponerlos en conserva” (en la primera definición de esta segunda acepción), o bien, también en Andalucía, una “pequeña industria de salazón de pescado” (de acuerdo con la segunda definición que nos proporciona esta -a su vez- segunda acepción del término “chanca”) [en este sentido, ver https://dle.rae.es/chanca] (consulta realizada el día 16 de julio de 2020).

En dicho contexto del centro del casco urbano sanluqueño, pues, se habrían dado la mano en los años de la Primera Vuelta al Mundo instalaciones de naturaleza y funcionalidad directamente económica, como la chanca o las atarazanas ducales, con otras de carácter religioso (no se nos escapa el peso y rol económico de las instalaciones de naturaleza religiosa…) como la iglesia de San Jorge o el convento de Regina, en una –entendemos- no sencilla convivencia que se terminaría decantando a favor de las instituciones religiosas en detrimento de las instalaciones fabriles, como demostraría el tiempo con su fluir.

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