Timo y ley electoral

Luis Antonio Mariscal Rico
Listas o el timo de la estampita
Luis Antonio Mariscal Rico.-Recientemente se ha generado en este medio una discusión interesante sobre la idoneidad o no idoneidad de las listas de los partidos políticos para las próximas elecciones locales. Yo creo que es un debate trucado e insustancial, porque tal y como se hacen públicas dichas listas sólo recogen los nombres de una serie de personas del partido, sin más, ordenados según el criterio personal del correspondiente candidato a Alcalde. Por lo tanto, esas personas, a lo máximo que pueden aspirar es a generar sentimientos –positivos o negativos– muy personales entre algunos ciudadanos. Por los comentarios realizados en este medio, a propósito de esta discusión, puede llegarse a dicha conclusión. Pero si centramos el debate sólo en los aspectos personales o familiares de los nominados, estaremos quedándonos sólo con la parte subjetiva del asunto.
El problema es que de poco más se puede opinar. Es decir, la ley electoral y los políticos le hurtan al ciudadano la posibilidad de tomar un mayor protagonismo en los procesos electorales. Sería interesante que los candidatos se sometieran a un examen popular (voluntario) a través de los medios de comunicación existentes, de modo que se les pudiese preguntar –con la única limitación del respeto a su dignidad– por cualquier aspecto que tuviese relación con su elección como concejal. Por ejemplo, a mí se me ocurren preguntas del siguiente tenor: ¿Cuál es su patrimonio familiar a fecha de hoy? ¿A qué se dedica en la actualidad y cuál es su nivel de rentas? ¿Qué cualificación profesional posee y qué experiencia en el campo de la gestión tiene? ¿Tiene en la actualidad algún conflicto de intereses que le impida ocupar un cargo municipal? ¿Está al día en el pago de sus impuestos y tasas? ¿Usted o algún familiar o amigo tienen reclamaciones pendientes contra este Ayuntamiento? ¿En caso de ser elegido concejal, pero quedar en la oposición, se compromete a asistir a los Plenos y a llevar a cabo un labor de oposición adecuada?… Y así.
 
De este modo se podría tener una opinión más objetiva sobre cada persona de una lista electoral. Con todo, aún quedaría por conocer una cuestión importante: el programa electoral detallado en el que se reflejen los objetivos de la legislatura y los perfiles de las personas que deberían ocupar los cargos de responsabilidad más relevantes. Así podríamos comprobar que la redacción de la lista, por parte del candidato a Alcalde, no habría obedecido a un criterio aleatorio o a un forzamiento por parte de las diferentes familias políticas que cohabitan en su partido, sino más bien a la adecuación de las personas a su proyecto político.
 
Las listas cerradas provocan en los ciudadanos –en aquellos que se implican más durante los periodos electorales– un rechazo automático. Recuerdan al timo de la “estampita”, donde se le ofrece al incauto un fajo de billetes de los que sólo los primeros son reales y el resto recortes de papel o estampitas. Al igual que la víctima de esta estafa tan castiza, la victima del timo de la “lista cerrada” se da cuenta del engaño cuando ya los timadores se han lucrado a su costa. Nunca me fio de las apariencias. Prefiero votar en blanco a sentirme después estafado.
 
El sistema electoral español deja mucho que desear, y son conscientes de ello los políticos. Empero, nadie quiere ser el responsable de abrir la Caja de Pandora. ¡Quién sabe qué oscuras consecuencias traería poner un poco de racionalidad en la elección de unos representantes políticos! A algunos –bastantes– quizá se les acabase el “chollo”.

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